Buenos Aires a los diecisiete días de agosto del 2023
Poesía ¿sos vos? ahora que la casilla de mensajes está llena. Yo que no tengo wassap, ni way, ni fly, ni flit, ni off, para el insecto que vuela en el camino. Sólo quería decirte unas palabras sobre los ojos azules de esta noche: que mi batería está muy baja y que los árboles de la avenida parece que cayeran hasta mis hombros, muy cansados, como estos faroles que casi no alumbran ni a mi sombra. Quería decirte esto, y muchas cosas más. Que los televisores están más encendidos que las almas. Y que hay setenta mil trillones de terabytes en los balcones y ninguna flor. Ninguna flor. No sé si serás vos, si este es el número. Pero contestame. Llamame, si podés.
El amor va en cajitas rojas sin tapa, en cajones de madera cerrados, en alacenas suelto como arroz de bolsita pinchada. El amor puede irse por las ramas, trepar valijas para llegar a la lamparita y cambiarla subir a un cielo y sostener la superficie, ponerle perfume a la almohada. El amor es quemar etapas buscar el abrelatas para comer duraznos con crema sin batir. El amor puede andar en patas, porque amor no es idea amor es lo que pasa.
Lo mejor del desayuno es sentarse arriba de la mesada. El cuerpo se despierta con el frío del metal y desde ahí se ve justo cómo el pequeño sol que llega hasta nuestra cocina comienza a hacer efecto en las cosas. El vidrio brilla en la puerta y del otro lado la luz del día empieza a llenar el lavadero. Tengo el ángulo justo para cebar y apoyar el termo al lado y en la cocina se reúnen las tres únicas soluciones que encuentro últimamente para algo agua hirviendo, sol y detergente.
Agustina Lezcano
. Agustina Lescano . Santa Fe . Argentina . 1992 .... Imagen. Stefany Alves
Anoche quería pedirte que te quedaras conmigo, me hubiera gustado ser ingenuo y atreverme a decirte: quedate a dormir, si querés. Pedírtelo con inocencia. Prometerte no acercarme a los bordes de tu almohada, mentirte, por supuesto.
Extrañeza y cumpleaños. La madrugada de los recuerdos. Un manifiesto de poesía o una lista de buenos propósitos. Preguntas y respuestas en test de embarazo o una novela. Sentirme, sentirlo todo o tener hambre. Echar de menos al amante o a los padres y al hermano. La noche de las tinieblas o el corazón del fin del viaje. Todo sea por ordenar, por rendir homenaje mediocre, por postergar la solución de no entender nada: no sacar conclusiones sino versos y tickets de compras. He reflexionado y tengo veinte años y he tenido veinte amantes (no recuerdo dos nombres). Reconozco mi vientre y mis labios pero a veces (por las noches) no tengo nada en que pensar y sufro.
A lo mejor un día nos llueve para siempre, clausuramos los bancos, se funden los veranos, muere algún hijoputa, descubren nuevas formas de ignorarnos, cierran los aeropuertos, nos nieva sin aviso, explican de una vez a qué vinimos, alguien prende la luz, vos sonreís, el pasado es un chiste en blanco y negro, el futuro otro Rothko sin museo, los chinos se despiertan y nos morfan, okupamos los cines como otros llenan templos, se vuelve a las palomas mensajeras, cocino porque sé y me olvido de vos.
Buenos Aires a los diecinueve días de julio del 2018
al parecer no es elegante por mi parte mencionar el periodo en público el origen verdadero de la biología de mi cuerpo es tan real esta bien vender lo que hay entre las piernas de una mujer mucho mejor es mencionar su íntimo funcionamiento el propósito festivo de este cuerpo se considera hermoso mientras su naturaleza se considera fea
Rupi Kaur
. Rupi Kaur . Panyab . India . 1992 Versión . María Germaná Matta .... Imagen . Stefany Alves
Buenos Aires a los diez días de diciembre del 2017
Las palabras pernoctan
en el telo de tu idioma,
ronronean en tu tapial,
vuelan bajito,
se chocan el obelisco y siguen;
por ejemplo:
a mí me encanta ver
tu nombre en minúscula,
roza lo obse,
puede ser,
pero posta,
te siento más cerca,
asignación universal por corazón,
no te diferencio de nada,
podés ser una preposición,
una onomatopeya en euskera,
un participio histérico,
todo aquello que se muere
en la tempestad de un párrafo,
podés ser hasta la contraseña de mi mail,
un slogan del silencio,
el lunfardo de nuestra siesta,
un acorde menor,
un verso de Rodolfo Edwards,
podés estar entre paréntesis,
podés ser lo que quieras,
la firma de un cheque en blanco,
el verbo de un apellido,
hasta un sinónimo de la primavera
que me nace desde el pecho,
cada vez que asumo la resistencia.
Leandro Gabilondo
. Leandro Gabilondo . Arrecifes . Pcia. de Buenos Aires . 1985
....Imagen . Stefany Alves
A ella la habitan tres nardos azules,
tres corazones desmembrados al alba,
el amor mudo de un hombre sin rostro,
las sombras de una mujer ausente;
y una estación de verano que nunca fue.
II
Vuelvo a esta soledad de insomnes
con tu nombre perforando mi garganta,
repitiendo su infinito eco de cigarras,
su constante trepidar entre mis huesos.
Vuelvo, a la comunión de nuestra guerra.
III
Ella me mira como un extraño,
cree que he perdido el mapa de su cuerpo,
el jardín amortajado
donde dejamos una palabra rota;
la certidumbre de que no hay vuelta atrás.
IV
Ahora sé de mi ceguera enfermiza,
de esos besos que se dan al vacío
porque nos hemos quedado solos
en medio de los sonidos de la noche
y el canto adolorido de los perros.
V
Ella besa mi tristeza y se va.
Tiene los labios marchitos
de tanto ir a contraluz
y someterse al silencio de la tarde;
de creer que todavía existen las auroras.
VI
Tu ausencia cae en la ventana
de esta casa que se inunda en recuerdos;
en las grietas de mi piel fragmentada
donde hiciste un refugio a la infancia;
en las mañanas que tienen tu nombre.
VII
A dónde se va el otoño de tus ojos,
el claroscuro del día sombrío,
la mariposa que nace en la yedra.
Hacia dónde se va el rostro de la vida;
todo aquello que dimos al amor.
VIII
Ella guarda en su vientre cometas,
constelaciones de invierno
bajo las cuáles se embriagan los amantes;
laberintos sin retorno
que iluminan el lenguaje del tiempo.
IX
Cada mañana confirma nuestro adiós,
su inevitable herida entre las cosas
que alguna vez tocaron el deseo;
las caravanas de espectros opalinos
donde encuentro tu mirada fugaz.
X
Si supieras de esta tierra de exiliados,
de sus infranqueables noches
que pesan en mis ojos de nostalgia;
de cómo se transfigura la lluvia en tu rostro
y se desnuda la tristeza de los días.
La calle, estrecha y húmeda
la ocupan estos trastos:
un sofá roto y una vieja lámpara,
la nevera oxidada y dos colchones
que alguien ha apoyado en la pared.
Es todo cuanto queda de un desahucio.
Son restos del futuro.
A menudo se ven por estas calles,
y sin embargo hoy piensa que, quizá,
son restos de sí mismo lo que ha visto.
Entonces vuelve la cabeza: un gato,
encaramado en el sofá, le mira
como ella antaño con sus ojos verdes.