Mostrando las entradas con la etiqueta María Callas. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta María Callas. Mostrar todas las entradas

leños

 .

Buenos Aires a los tantos días de diciembre del 2020


Pues en el río había algo como el fuego del hogar.  Y cuan­do ella advirtió que, además del frío,  llovía en los árbo­les, no podía creer que tanto le fuese dado. Y el acuer­do del mundo con aquello que ella ni siquiera sabía que precisaba como el pan. Llovía, llovía.   El fuego encendi­do guiñaba hacia ella y hacia él.  Él, el hombre, se ocu­paba de aquello que ella ni siquiera agradecía; él atizaba el fuego, lo cual era su deber de nacimiento. Y ella, que siempre estaba inquieta, haciendo cosas y experimentan­do, curiosa, ella no se acordaba de atizar el fuego: no era su papel, pues tenía a su hombre para eso. No siendo doncella, el hombre tenía que cumplir su misión. Lo más que ella hacía era instigarlo, a veces: «Aquel leño —de­cía—,  aquél todavía no encendió».  Y él, un instante an­tes de que ella acabara la frase que lo advertía, él ya ha­bía notado el leño, era su hombre, ya estaba atizando el leño. No le daba órdenes, porque era la mujer de un hom­bre que perdería su estado, si ella le daba órdenes. La otra mano de él, libre, está al alcance de ella. Ella lo sabe, y no la coge. Quiere la mano de él, sabe que la quiere, y no la coge. Tiene exactamente lo que necesita: poder tener.

Ah, y decir que esto va a acabar, que por sí mismo no puede durar. No, ella no se está refiriendo al fuego, se refiere a lo que siente.  Lo que siente nunca dura, lo que siente siempre acaba, y puede no volver nunca. Se encarniza entonces sobre el momento, se traga el fuego, y el fuego dulce arde, arde, flamea.  Entonces, ella, que sabe que todo va a acabar, coge la mano libre del hom­bre, y la enlaza con la suya, ella dulce arde, arde, flamea. 



Clarice Lispector





. .  Clarice Lispector . Chechelnik . Ucrania 1920 . Río de Janeiro.    Brasil .  1977
     Versión . Cristina Peri Rossi
... Imagen . Emily Hansell


 

 

.

mousike CLXXXI (maria callas)

.
Buenos Aires a los tantos días de julio del 2020








.

el humo de tu incendio

.
girando espacios

girando espacios
la ingravida3
Imagen vía w.justesen
Carmen.Maria Callas

.
Mira a la que avanza desde el fondo del agua borrando el día con sus manos,
vaciando en piedra gris lo que tú destinabas a memoria de fuego,
cubriendo de cenizas las más bellas estampas prometidas por las dos caras de los sueños,
Lleva sobre su rostro la señal:
ese color de invierno deslumbrante que nace donde mueres,
esas sombras como de grandes alas que barren desde siempre todos los juramentos del amor.

Cada noche, a lo lejos, en esa lejanía donde el amante duerme con los ojos abiertos a otro mundo adonde nunca llegas,
ella cambia tu nombre por el ruido más triste de la arena;
tu voz, por un sollozo sepultado en el fondo de la canción que nadie ya recuerda;
tu amor, por una estéril ceremonia donde se inmola el crimen y el perdón.

girando espacios

Cada noche, en el deshabitado lugar adonde vuelves,
ella pone a secar la cifra de tu edad al bajar la marea,
o cose con el hilo de tus días la noche del adiós,
o prepara con el sabor del tiempo más hermoso ese turbio brebaje que paladeas en la soledad,
ese ardiente veneno que otros llaman nostalgia
y que tan lentamente transforma el corazón en un puñado de semillas amargas.
No la dejes pasar.
Apaga su camino con la hoguera del árbol partido por el rayo.
Arroja su reflejo donde corran las aguas para que nunca vuelva.
Sepulta la medida de su sombra debajo de tu casa para que por su boca la tierra la reclame.

girando espacios

Nómbrala con el nombre de lo deshabitado.
Nómbrala.
Nómbrala con el frío y el ardor,
con la cera fundida como una nieve sucia donde cae la forma de su vida,
con las tijeras y el puñal,
con el rastro de la alimaña herida sobre la piedra negra,
con el humo del ascua,
con la fosa del imposible amor abierta al rojo vivo en su costado,
con la palabra de poder
nómbrala y mátala.

Y no olvides sepultar a la moneda.
Hacia arriba la noche bajo el pesado párpado del invierno más largo.
Hacia abajo la efigie y la inscripción;
"Reina de las espadas,
Dama de las desdichas,
Señora de las lágrimas:
en el sitio en que estés con dos ojos te miro,
con tres nudos te ato,
la sangre te bebo
y el corazón te parto".
girando espacios

Si miras otra vez el fondo del vaso,
sólo verás ahora una descolorida cicatriz cuyos bordes se cierran donde se unen las aguas,
pero pueden abrirse en otra herida, adonde nadie sabe.
Porque ella te fue anunciada en el séptimo día
-en el día primero de tu culpa-,
y asumiste su nombre con el tuyo,
con los nombres vacíos, con el amor y con el número,
con el mismo collar de sal amarga que anuda la condena a tu garganta.



Olga Orozco



. Olga Orozco . La Pampa . Argentina . 1920 - Buenos Aires . Argentina . 1999
.
girando espacios


.