Buenos Aires a los dieciocho días de enero del 2023
Cubrite del frío y el desamor como si el modo de equivocarte estuviese en el futuro no escondas el deseo nada es inmaduro en el verano. Te veo ordenar la casa mientras deambulas antes de la puesta del sol la sombra de la noche una huella temerosa que se mueve y baila tu boca sobre los troncos podados, hojitas que se baten de espaldas al mundo. Las cosas desaparecen aquí todo puede ser la guerra. Quiero este rostro protegido por el polvo.
Buenos Aires a los quince días de noviembre del 2022
mudé de piel y de voces sin embargo todos mis cuerpos dijeron lo mismo y dejaron algunos silencios que vuelven como zumbidos sutiles interferencias sensaciones que no pronuncié ahí está mi verdad en el murmullo de los cuerpos que abandoné para seguir adelante
Delfina Uriburu
. Delfina Uriburu . Buenos Aires . Argentina . 1990
Una mujer escribe este poema donde pueda a cualquier hora de un día que no importa en el siglo de la avitaminosis y la cosmonáutica tristeza deseo no sabe qué esperando la bayoneta o el obús una mujer escribe este poema sin atributos a desvergüenza y dentellada fogosa inalterable arrepentida pudriéndose caemos por turno frente a las estrellas todos tenemos que morir no hay nada más ilustre que la sangre una mujer escribe este poema qué estúpida la vida que divide sol de sombra el crepúsculo pasa acumulándose al final de las azoteas supimos de pronto de una trombosis coronaria existes soledad sonó una bomba vean si se han roto los lentes de contacto una mujer escribe este poema separa quince pesos para el alquiler mi amigo viejo se desprende del mediodía por la próstata bailamos sigue la preparación combativa no pasarán una mujer escribe este poema como quien ha perdido el tiempo para siempre creo en el corazón de Denise Darval hemos ganado porque morimos muchas veces parece que tengo un derrame de sinovia no hay tiempo para la poesía de veras que los frijoles se han demorado en hervir te juro que mañana presentaré el divorcio una mujer escribe este poema como hay fantasmas a las siete en mi pecho entablillé una rama a la areca que está triste mamá tú no sabes la falta que me haces si suena la alarma aérea recojan a los niños que duermen en la cuna voy a guardar este retrato del Che como calló el canario traje un tenor a casa una mujer escribe este poema cargada de ultimátums de pólvora de rimel verde contemporánea lela entre el uranio y el cobalto trébol de la esperanza convaleciente de amor tramposa hasta el éxtasis tonta como balada neurótica metiendo sueños en una alcancía ninfa del trauma jugando a no perder la luz en el último tute una mujer escribe este poema.
Buenos Aires a los veintisiete días de junio del 2022
Viví siempre cerca del agua Y de mujeres cuyo elemento Fuera líquido Mujeres mar Mujeres río Mujeres laguna Ahora frente al Atlántico sur Como una enamorada de la humedad Puse mi corazón en la triple frontera Del agua la tierra el viento Donde Anahí me pide Que la llame Maia
Buenos Aires a los tantos días de febrero del 2022
Entre palabras muertas digo amor porque te amo: y paso y vuelvo a encontrarte veloz hemos jugado con la muerte durante varios días Apenas conozco tus voces y no importa No te imagino con piernas y no importa Me acompaña tu cara invadida por miradas Me acompañan tus manos detenidas en el volante Y te pienso entre verte y no verte tan rodeados de velocidades entre ayer y otra vez ahora Ya conozco tus ritmos y tus sonrisas las crispaciones que se postergan al reconocernos Te encuentro en mi espejo y te descubro en el tuyo Eres un paisaje rodeado de ventanillas casi un cuadro en donde juegan tu perfil y tus cuartos Conozco las latitudes de tu pelo las horas de tu barba las estaciones en tu ropa tu nuca y tus espaldas Entre palabras muertas digo lluvia y melancolía cuando viajamos adivinándonos y digo cinco días de la semana porque me pierdo y no existo cuando se me clavan los feriados y los descansos Tengo miedo del día en que nos detengamos y bajemos para hablarnos porque ya no podremos seguir jugando Ahora saldrás de la autopista y agitarás la mano Yo seguiré viajando y esperando hasta mañana
Buenos Aires a los tantos días de noviembre del 2021
La cara de ella necesita encontrar el lugar que no existe para dejar su recuerdo.
Las ojeras transportan el color de los días que fueron sólo noche. Debajo de sus uñas guarda tierra que acumula y le hincha las cutículas que también insisten con punzar.
Ella quiere pintarlas con esmaltes flúo para que no se note que sus manos también son alfombras que esconden la mugre.
María Belén Zavallo
... María Belén Zavallo . Paraná. Argentina . 1982 . Imagen . Noèlia Andrés
No es la gran soledad son los pequeños vacíos horas en que la oficina te fagocita, exprime. El tiempo que el niño duerme su frágil siesta de hilo y yo administro la rutina cotidiana y doméstica, malabarismos de la nada. No son los grandes dolores son las pequeñas frustraciones el diario sin leer las uñas hace tres días sin pintar el no poder hacer el dobladillo del vestido de salir ni necesitarlo.
Gisela Galimi
. Gisela Galimi . Prov. de Buenos Aires . Argentina . 1968 ... Imagen . Rose
Cuando terminó de ahogarse y comenzó a flotar de los arroyos a los ríos más caudalosos, el cielo opalino brilló como un extraño fanal bendiciendo al cadáver en su ambulante reposo.
Algas y plantas marinas se le iban colgando al pasar hasta que poco a poco se fue poniendo pesada. Los fríos peces se posaban sobre sus pies haciendo más lento su viaje a la última morada.
Y de noche el cielo se puso oscuro como el humo y mantuvo en suspenso la luz de las estrellas. Pero al alba aclaró para que todavía tuviera ella madrugadas y atardeceres.
Y cuando su pálido cuerpo en el agua se echó a perder sucedió (muy lentamente) que Dios la fue olvidando primero la cara, luego las manos, y su largo cabello al final. Luego fue sólo carroña entre tanta carroña que pasa flotando.
perdí el color en lo incesante ese perro entrenado para morder los talones del tiempo sin lastimarlo
perdí la humanidad me jugué hasta la música sin cartas tragué sin masticar flechas perdidas nació una rosa negra y la dejé morir como a las otras pequeñas criaturas de lo incesante lobas en cautiverio
yo misma me perdí en la sinrazón me aturdía ese piano desafinado en la raíz de la neuralgia esa descarga repetida que llora día y noche como un hijo del mundo que nadie atiende
Un día entero sin hablar, lluvia, luego sol, lluvia de nuevo, unas pocas plantas en el suelo, hojas novatas remetidas en tierra negra, y pienso que soy buena para esto, este estar sola en el mundo, el mirar las cosas crecer, esta yo mayor, la de zapatos cómodos y sin tiempo para los platos, la que pasó una hora tratando de descifrar que un pájaro que canta con tres notas descendentes no es más que un gorrión. ¿Qué haría yo con una niña aquí? ¿Enseñarle a plantar, mirarla como miro las hojas de lechuga, suavemente, colocar sus palmas sobre la tierra, hacerle la raya en el pelo como si plantase una semilla? O exigiría este día otra vez de forma egoísta, un día completo sin ataduras para tratar de descifrar qué pájaro me llamaba y por qué.
hoy me despierta con su delgado resplandor abstracto la esperanza la oscuridad del naufragio se escapa como un gato por la ventana y alguien vuelve sí alguien vuelve desvelado y sin prisa con un pequeño rectángulo de eternidad entre las manos
Buenos Aires a los tantos días de febrero del 2021
No dejes que te impresionen las estrellas que quizá estén todas muertas.
José Sbarra
De pronto vuelvo a la noche con mis zapatos de agua.
Me desnudo en el lento ejercicio de mis manos y busco solamente un objeto mío, un pequeño barco, un cometa, un circo de inventadas cosas, figuras cotidianas, tuyas y mías, que amo.
Pero sé que de pronto me vuelvo inaccesible y vuelvo a ser silencio y llama oscura, donde mi barco se escapa de tu orilla.
Mía Gallegos
. Mía Gallegos . San José . Costa Rica . 1953 . . José Sbarra . Buenos Aires . Argentina . 1950 . 1996 ... Imagen . Grace
Buenos Aires a los tantos días de febrero del 2021
Te imagino viuda aislada de mí
emancipada de mis poemas más doméstica que el sol sobando mis repasadores contra tus rollos de papel. Viuda estarías mejor que una palmera sacrificada a las constantes epifanías del caribe.
Una viuda llena de mí espesada de significados. Recordemos los abrazos yo te hablaba con palabras que devolvías hechas significados. Ahora, asilado en un baldío que nadie visitó dos veces sé que te extraño con algo puro recreado por esos metales de ausencia que los poetas usamos para acuchillar al indolente.
¿Enviuda el muerto si dice mi mujer se vivió?
Yo te imagino viuda entre mis cosas entre mis viudas cosas las cosas se enviudecen de no estar. Viuda serías única nadie atendería tus redondeces ni te cubriría con las inmundicias que yo te brindaba.
Pudiendo elegir iría a pacer a Groenlandia sin libros ni hojas entre tus cosas viudas te faltaría un lápiz que me llevé para escribirte rutas en los hielos volcánicos Las mejores brújulas se trazan a lápiz.
Las viudas someten todo son las brujas con pasado no sirve tocarlas ni ofrecerles lo nuevo en bandeja de carne. Las viudas vikingas masticaban alcanfor salado y le escupían las cosas al que las dejó en mitad de un lápiz.
Despóticas y traviesas las viudas ya probaron su edad el néctar de ausencia de toda cercanía. Queda por completar esa costumbre mía de llenar los vasos con cubiertos sucios el hábito de tirar muertos a un vaso que nadie lava ya lo tiene ese desconocido que fabrica viudas.
Te imagino viuda emancipada de mi inutilidad sin el apenas que se daban nuestros nombres.
Daniel Battilana
. Daniel Battilana . Buenos Aires . Argentina . 1962
.... Fotograma . Pierrot le fou . Jean Luc Godard . 1965
De sal y hueso la tierra, de hueso y piel la casa demasiado rota, demasiado ronca para el amor, el café, el fuego. En la ventana la nieve y este caer de abeja que no parte
que es mi país desmenbrado.
¿De quién la luz que nos haga carne? Sobre el impacto de tierra con un clavo hundido en las alas el cuerpo muerto del día. Si el dolor es un perro que muerde e hinca los dientes, de qué sirve la huida.
Apenas ya surco, me abro piel muerta abandonada entre el grito y el ojo que apunta y dispara.
Uxue Juárez
. Uxue Juárez . Pamplona . España . 1981
... Fotograma . The Dreamers . Bernardo Bertolucci . 2003
Buenos Aires a los tantos días de diciembre del 2020
Habla. Tómame de la mano. ¿Qué eres tú ahora?
A los nueve años fui gozosamente sentimental, fluída: y mi tía viuda tocaba Chopin, y yo inclinaba mi cabeza sobre la madera trabajada y pintada, y lloraba. Ahora quiero estar a tu lado. Me gustaría unir de algún modo los minutos de mis días con tus días. No soy feliz. Seré sincera. He amado los focos de las esquinas del atardecer, y calmos poemas. Ha habido temor en mi vida. Algunas veces medito sobre qué tragedia fue mi vida, realmente. Tómame de la mano. Aprieta mi mente en el puño de tu mano. ¿Qué eres tú ahora? A los catorce años tenía sueños suicidas,
y me estaba junto a una alta ventana, al atardecer, esperando la muerte: si la luz no hubiera disuelto nubes y llanuras en belleza, si la luz no hubiese transformado ese día, hubiese dado el salto. Soy desdichada. Estoy sola. Háblame.
Seré sincera. Creo que él nunca me amó: amaba las playas luminosas, los labios de espuma sobre las pequeñas olas, amaba el vuelo de las gaviotas. Alegremente decía: Te amo. Trata de conocerme. ¿Qué eres tú ahora? Si pudiéramos tocarnos, si estas nuestras separadas entidades pudieran estrecharse, compenetrarse como las piezas de un rompecabezas chino ayer me encontré en una calle atestada, viva de gente, y nadie decía una palabra, y la mañana brillaba. Todos, en silencio, en movimiento.
Tómame de la mano.
Háblame.
Muriel Rukeyser
. Muriel Rukeyser . Nueva York . EEUU . 1913 . 1980 Versión . Alberto Girri
Buenos Aires a los tantos días de noviembre del 2020
Aquí están tus recuerdos: este leve polvillo de violetas cayendo inútilmente sobre las olvidadas fechas; tu nombre, el persistente nombre que abandonó tu mano entre las piedras; el árbol familiar, su rumor siempre verde contra el vidrio; mi infancia, tan cercana, en el mismo jardín donde la hierba canta todavía y donde tantas veces tu cabeza reposaba de pronto junto a mí, entre los matorrales de la sombra.
Todo siempre es igual. Cuando otra vez llamamos como ahora en el lejano muro: todo siempre es igual. Aquí están tus dominios, pálido adolescente: la húmeda llanura para tus pies furtivos,
la aspereza del cardo, la recordada escarcha del amanecer, las antiguas leyendas, la tierra en que nacimos con idéntica niebla sobre el llanto.
-¿Recuerdas la nevada? ¡Hace ya tanto tiempo! ¡Cómo han crecido desde entonces tus cabellos! Sin embargo, llevas aún sus efímeras flores sobre el pecho y tu frente se inclina bajo ese mismo cielo
tan deslumbrante y claro. ¿Por qué habrás de volver acompañado, como un dios a su mundo, por algún paisaje que he querido?
¿Recuerdas todavía la nevada? ¡Qué sola estará hoy, detrás de las inútiles paredes, tu morada de hierros y de flores! Abandonada, su juventud que tiene la forma de tu cuerpo, extrañará ahora tus silencios demasiado obstinados, tu piel, tan desolada como un país al que sólo visitaran cenicientos pétalos después de haber mirado pasar, ¡tanto tiempo!, la paciencia inacabable de la hormiga entre sus solitarias ruinas.
Espera, espera, corazón mío: no es el semblante frío de la temida nieve ni el del sueño reciente. Otra vez, otra vez, corazón mío:
el roce inconfundible de la arena en la verja, el grito de la abuela, la misma soledad, la no mentida, y este largo destino de mirarse las manos hasta envejecer.
Olga Orozco
. Olga Orozco . La Pampa . Argentina . 1920 - Buenos Aires . Argentina . 1999