Dejar la carne, abandonar la ronca guitarra de la piel, el vello hirviente que suda trementina y miel rabiosa; abandonar los muslos que se buscan apretando una estrella. Dejar eso que hicimos y que hacemos en la noche, en el verano, en la mitad del odio; detener el aullido del cabello, la mano que camina y que gotea temperaturas con temblor de fruta; tratar de parecernos a la piedra, a la lluvia, tal vez a los arados o a los dioses diabólicos del viento. En fin, salir huyendo de la sangre, escapar de su luz acosadora, sin memoria, sin poros en los ojos, sin salivas ni sed en las axilas, y detenerse en un lugar distante, y allí, sobre la hierba, ya de bruces, sollozar, sollozar y darse muerte junto al sexo de oro de una avispa.
Una mujer que baja de su pecho está conmigo aquí, mientras el canto me seduce las venas y una morza me tiene de la sien que más preciso.
Las mujeres que bajan de su pecho saliendo de los ojos y la carne, de los brazos y piernas, son gloriosas como un médano cerca de la fuente.
Ella está aquí. Su mano de arboleda conoce los crepúsculos y el viento que carcome la noche del vigía, y en su rostro la música camina como la harina sobre las estrellas.
Es mi mujer bajando de si misma, poniéndose detrás de mi garganta, ahuyentándome el gusto de la piedra con amor natural. Para decirla, tengo un zafiro cerca de la boca y una llama con uvas y la muerte con su cabalgadura de granizo. Ella está aquí. Mis hijos están cerca. Hoy, en noviembre, canto. Y sobre el mundo vuela una cruz de límite angustioso.
Buenos Aires a los veintiséis días de febrero del 2017
La madrugada, el gallo, los suburbios
de alquitrán, la luna verrugosa,
los carros amarillos, el que vuelve
de tomar una copa con la noche,
de jugar con la muerte una partida
de dominó metílico. La sombra
de una mujer dominical huyendo
cerca de las paredes. Yo, que salgo
a recorrer el alma, los refugios
de la melancolía. Yo, el que fuma
caminando perplejo entre cuchillos
doblado en la memoria, perforado
por una multitud de clavos, lejos,
separado de mí, de tus naranjos
de fascinante música. Tan grave,
tan pensativo de humedad camino;
tan igual a tus ojos, a las grutas
de tu cuerpo interior, donde me anduve,
donde me conocí, diadema invicta,
cesta de fruta emocional, palmera
de volcánica especie. Ya es muy tarde.
Te repito: es muy tarde. Nadie asedia
dos veces a una misma ciudadela
habiéndola tomado en el principio.
Ando. Pienso. Camino. Me pregunto
con el tiempo en las manos. Salgo a verte.
pero la gente es mucha. Demasiada.
Se levanta temprano. Llevan bolsas,
botines, prendedores, hijos, diarios,
verduras, entrecejos permanentes,
desvencijadas rosas, sufrimientos
de maíz rutinario. Me lo impiden;
no te puedo mirar. La madrugada
me conduce hacia agónicos extremos.
No sé qué hacer, repito; aunque quisiera
ir al asalto de tu luz remota:
tomarte nuevamente, recorrerte,
ciudadela de amor, muralla intacta
donde una vez cantara mi bandera,
mis clarines de trigo, mis arqueros
de polen torrencial, en una aurora
muy distinta de esta espesa madrugada
llena de gente y frío frente al mundo.
Roberto Themis Speroni
. Roberto Themis Speroni . La Plata . Argentina .1922 . 1967
... Imagen . Marat Safin
Buenos Aires a los veintiséis días de enero del 2017
Hablan estos poetas. Piensan mucho;
quieren hablar de ti, del universo;
se atoran dulcemente con cenizas,
con piedras de biliar circunferencia;
intentan escucharte en la cintura,
tomarte de la mano en un recinto
de alfombras esmeraldas y morderte
detrás de las orejas, donde el frío
se transforma, en hoguera, cuando es tiempo.
Ellos suponen que el amor es eso;
que es esa trepadora conveniencia,
ese salto del pubis hacia el aire.
Hablan. Se ponen roncos como hierros
o tiernos como tallos de cebolla;
se arrodillan debajo de las cejas;
dicen que están cazando en el noreste,
que tienen melancólicas haciendas,
diplomas auditivos, cortinados
de trama consular. Te buscan sola.
Acechan el reflejo de tus aros
en frascos de licor. Nombran a un grillo;
se fabrican zapatos de turquesa
para pisarte en un colchón oscuro,
donde las flores no llegaron nunca.
Aquí, tiemblan las flores que me acercan;
la gente viene a verme y deja panes,
cepillos, almanaques y saludos,
y también el papel que necesito
para escribir la historia de una isla.
Y nadie me pregunta si te amo,
si estoy tranquilo y tengo una estafeta.
Me miran, nada más. Y ya en la calle,
se van como las garzas en invierno.
Roberto Themis Speroni
. Roberto Themis Speroni . La Plata . Argentina . 1933 . 1967
.... Imagen . Susana Moyaho
Buenos Aires a los veinticuatro días de enero del 2017
Saldrá a buscarte un perro casi triste,
un huracán de alondras, un navío
de pie caudal, un hombre de frontera,
un doctor de ventrales aptitudes,
un tapado de piel alambicada
o un collar de coral. Podrán buscarte
usando loxodrómicos diagramas,
indultos, aberrojos y caballos.
Se gastarán igual que los caminos.
Hubo un hombre, que pudo dar contigo.
Y yo lo degollé junto a la aurora,
cuando recién estaba por mirarte.
Roberto Themis Speroni
. Roberto Themis Speroni . La Plata . Argentina . 1933 . 1967
.... Imagen Phạm Bích
Un exacto martillo de sil rojo
le laminaba el cobre de las piernas,
la subía, moldeándola, despacio,
cuando se desnudó para entregarse
al apetito verde de febrero.
Nunca mis ojos de cambiante niebla,
los ojos de mi sangre, vieron nada
de semejante musgo, nada vivo
parecido a sus ruedas harinosas,
a la espiral compacta de su cuerpo
resuelto en dos volcanes infantiles,
en un aéreo par de leche firme
sellada por coleópteros gemelos.
La humedad de su pelo en ramas iba
bailando en circular temperatura,
y la muerte se amaba en su epidermis,
en las pestañas, en el duro vientre
sostenido por una suave horqueta
de temblorosa oscuridad palpable.
(La muerte estaba en ella como en todo
lo que el hombre visita. Aun la gloria
lleva un trozo de muerte entre los dedos)
Con paso cerebral, dejé sus venas,
la delicada trampa de sus dientes,
su anatómico imán de carne y humo.
Después anduve al lado de una alondra,
visitando hormigueros, ayudando
a los monjes del trébol.
Esa tarde
adquirí, para siempre, mi tristeza.
Roberto Themis Speroni
. Roberto Themis Speroni . La Plata . Argentina . 1933 . 1967
.... Imagen . Sinister Kid
Buenos Aires a los treinta y un día de Julio del 2016
Fui víbora de amor, salto de fruta,
tambor de luz azul. ¡Oh, me escuchabas
al lado de la sien, entre los muslos,
debajo del cabello!
Me veías
acurrucada por los antebrazos,
tuya, contigo, yéndome por dentro,
defendiendo pulgas de tu sombra
ante los estampidos del verano,
cuando de fiebre y sol eran las uvas,
y se tatuaban en tus pectorales
las flautas y el hervor de la madera.
Es imposible retener aquello,
devolverlo a mis glóbulos, al canto
de mi río más lento y más actual, más turbio,
más de óxido gris, más de ceniza.
Nuestro ritmo, aviado, es comprensible:
un corazón no basta para un hombre.
Roberto Themis Speroni
. Roberto Themis Speroni . La Plata . Argentina . 1933-1967
... Imagen . Lorenzo Mancini
Te siento aún en mí, y te amo
con natural predisposición de tristeza;
con cabeceo de barca en deriva;
con loco impulso de llama vislumbrada,
o de pie desnudo enredado en las raíces de la ola!
Te siento aún en mí, contenida por lámparas
furiosas, y ojos extendidos, y me parece,
que volveremos a estar como la niebla,
o como las prohibidas caderas de la noche:
concertados y trémulos,
con las manos en curva y la sangre en defensa,
y la idea estallando de libertad oculta,
digitales y próximos, aunque ya tarde,
buscando el encuentro con pausas inevitables
y labios en regreso,
ávidos de existir en diferencias;
rodeados así, por nosotros mismos.
. Roberto Themis Speroni
. Roberto Themis Speroni . La Plata . Argentina . 1933-1967
Ningún cuerpo tendrá como el tuyo
esa humedad lunar, ese vértigo oculto,
esa llama blanca enredándose en madejas y nudos volcánicos,
desesperando y desesperándose,
como un río de bálsamos hirvientes
demasiado ancho y caudaloso
para un cauce tan estrecho y lineal.
Ninguna mujer tendrá tus horas magnéticas,
y tus labios siempre sedientos,
y tus ojos, llenos de extrañas temperaturas,
y tus senos, irguiéndose con altivez,
como dos flores de mármol, únicas y sensitivas,
bajo una música digital, y a veces, loca.
Miro el atardecer sobre los campos;
esas ondulaciones de púrpura y oro,
esa palidez prematura de las cortezas,
y simbolizo todo lo que se perdió contigo;
todo aquello que pasó en ráfaga, azotando a veces,
otras, languideciendo,
pero siempre permanente y lejano,
como una cópula de sentidos en ausencia,
gravitando y manifestándose en las cosas más sencillas!
Veo tu rostro en las vigilias,
y una invasión de días ya doblados
me golpea las venas y los ojos;
y mis pies, caminan incansables
mordiendo caminos, rompiendo espigas,
tropezando siempre con el mismo horizonte,
y los mismos árboles y los mismos valles vacíos,
donde algún vagabundo impasible,
dividió su calendario con la muerte.
Sigo y seguiré lo poco tuyo que me queda;
ese vapor con formas y fechas;
ese dolor tan mío, que no tiene participación;
esa pequeña llama que se enciende
en la cumbre más alta y solitaria:
allí donde ladran todos los vientos del sueño,
allí, donde se congelan los astros,
y el ciervo de la noche sostiene a la luna,
en su testuz arbolada y negra.
Roberto Themis Speroni
. Roberto Themis Speroni . La Plata . Argentina . 1933-1967
... Imagen . Sarah Gallaun
La sal también recuerda. No lo olvides.
Tiene memoria como los zafiros,
como el invierno y las constelaciones
que dejé en tu cintura, cuando el tiempo
brotaba de las hojas, y no hablaban
los pulgones que asedian a la rosa,
ni habia reuniones de saliva
en torno a las estatuas. No lo olvides.
Ya nada puedo hacer para llevarte
donde la voz apenas es un gesto,
una suprema forma de la vida,
del amor y los pájaros. El aire,
los poros comerciales, las cortinas,
están contaminados. Los mancharon
las mismas filoxeras que hacen negra
la torre de las uvas. Fueron lejos,
si es que ir lejos significa acaso
caminar más aprisa. No te olvides,
silenciosa de amor. Ya nada puedo.
Para viajar conmigo se precisa
conocer a la muerte y al abismo.
Quiero que tu recuerdes; que recuerdes.
Con un día de amor en la memoria,
la eternidad se ajusta a lo que fuimos.
Roberto Themis Speroni
. Roberto Themis Speroni . La Plata . Argentina . 1933-1967
Ellos hablan. Mencionan a la tierra,
nombran el mar, acusan las montañas,
reflexionan el sexo de un vidriero,
la política gris de los caminos;
hablan de las guitarras, del aceite,
de la gran soledad que se percibe
en los libros actuales. Hacen buches
con el vello perfecto de una virgen;
suponen que estar triste es estar triste;
que estar muerto es comer en una cripta
que estar desnudo es no ponerse ropa
Hablan estos poetas. Piensan mucho;
quieren hablar de ti, del universo;
se atoran dulcemente con cenizas,
con piedras de biliar circunferencia;
intentan escucharte en la cintura,
tomarte de la mano en un recinto
de alfombras esmeraldas y morderte
detrás de las orejas, donde el frío
se transforma, en hoguera, cuando es tiempo.
Ellos suponen que el amor es eso;
que es esa trepadora conveniencia,
ese salto del pubis hacia el aire.
Hablan. Se ponen roncos como hierroso
tiernos como tallos de cebolla;
se arrodillan debajo de las cejas;
dicen que están cazando en el noreste,
que tienen melancólicas haciendas,
diplomas auditivos, cortinados
de trama consular. Te buscan sola.
Acechan el reflejo de tus aros
en frascos de licor.
Nombran a un grillo;
se fabrican zapatos de turquesa
para pisarte en un colchón oscuro,
donde las flores no llegaron nunca.
Aquí, tiemblan las flores que me acercan;
la gente viene a verme y deja panes,
cepillos, almanaques y saludos,
y también el papel que necesito
para escribir la historia de una isla.
Y nadie me pregunta si te amo,
si estoy tranquilo y tengo una estafeta.
Me miran, nada más. Y ya en la calle,
se van como las garzas en invierno
Roberto Themis Speroni
. Roberto Themis Speroni . La Plata . Argentina . 1933-1967
..Imagen . Jean Pierre Fizet
He vuelto a ser el hombre que fui entonces,
cuando estabas conmigo, cuando el mundo,
me cabía debajo de una axila,
y por cada ciudad atravesaba,
por cada puente, esquina o carretera,
dejaba tu perfil, para acordarme
del camino seguido. Porque el hombre
debe fijar sus hitos, sus leyendas,
su piel de combatiente voluntario,
de asesino lógico. Yo anduve.
Caminé con tu pie, gemelo al mío,
leguas de sangre, millas turbulentas.
Hice fraguas con un carbón mojado;
derribé largos muros, submarinos,
oposiciones de salitre negro;
ignoré muslos rápidos, brillantes
cadalsos de pelviana expectativa.
Anduve entre las uvas sin tocarlas:
tú eras mi gran racimo pensativo.
Hoy soy el hombre mismo que conoces,
algo mayor que aquella inteligencia,
asido a un canto terco. Si estoy triste,
comprendo a mi tristeza como nunca;
si estoy alegre, arriesgo que eso viene
desde tu corazón. Y estoy conforme.
Siendo el hombre que fui, estoy conforme;
él me devuelve lo que has sido siempre.
Roberto Themis Speroni
. Roberto Themis Speroni . La Plata. Argentina .1922 - 1967
Botánica de amor, tus arboledas,
las hamacas de oro, los helechos,
las hojas de tu frente, tantas hojas,
tuyas de verde trémulo. La pulpa,
la noche, con sus bornes de diamante.
El ruido de los ojos. Esa puerta
cerrada desde abril. Un perro frío;
el error de la música moviendo
tantas habitaciones, tanto espacio
de sollozo interior. Amabas limpia.
Convencida de amor entre las cosas
de enlace cotidiano; no importaban
los días pulmonares, los volantes
cajones del invierno.
Sola, sola,
botánica inaudita, flor ilustre,
aristócrata dulce de la lluvia
mirando desde el último conflicto,
desde el último pájaro. Y los meses.
Y la ciudad crujiendo lejos de ti,
sudando como un muerto envuelto en lana,
paralítica, triste.
No despiertes.
Aquí soy un alambre de cianuro,
Un eléctrico enfermo que vigila,
ulcerado, comido por el tiempo,
mientras me inyectan agua de tu sombra,
luz de tu corazón, perdido siempre.
Roberto Themis Speroni
. Roberto Themis Speroni . La Plata. Argentina . 1922 . 1966