La niña que fui aún me habita se sienta a mi lado y me mira curiosa cada vez que no me eligen cada vez que no me quieren cada vez que me despido. Me visita en las tardes vacías cuando rozo con mi mano el cuerpo del dolor y me inunda esa sensación de ahogo casi sin dejarme respirar. A veces me parece escuchar el eco de su llanto en las noches. Pero también es ella quien me enciende cada vez que juego cada vez que sueño que arriesgo a ciegas y me responde con sabiduría cada vez que me enredo en la madeja mental que no da tregua. Ya no estamos en disputa ya nos hemos abrazado. Sólo que algunas veces como hoy quisiera viajar al pasado y regalarle las palabras que la defiendan de todo eso que sabía que le dolía que la lastimaba y la desprotegía pero aún no podía decirlo.
¿Quién podría asegurar si no es tu ojo o el mío el pez valiente saltando al otro lado del insomnio?
Hemos caminado y hemos visto el movimiento del lago en la quietud de las piedras, y en las antiguas cenizas que cubrían la tierra en medio del bosque, sentimos el olor de los senderos oscuros. No sé si lo recordarás, pero esa tarde te miré, mientras el sol estallaba en nuestras manos, como si deseara la aparición de un animal feroz. Todavía me pregunto entre la inmensa sombra del alerce y el polvo que dejan los caminos en el aire: ¿Quién no ha deseado un aullido, algo que erice la piel del agua, un viento desordenando la claridad del paisaje? Porque en el fondo sabemos, que detrás de toda calma hay una paz insostenible.
Buenos Aires a los veinte días de diciembre del 2022
lo único que no puedes perder es la ternura en este mundo de pérdidas y deudas abrázate/tócate con tus yemas de fuego baila en una tarde de verano al ritmo de las olas también imagina y vuelve a imaginar nunca te canses de imaginar tu muerte en las nubes un carrito de madera una lluvia de grises girasoles mi niño X pastel de chocolate al que vive sólo en mi mente porque no existe
Ay! mi niño tormenta de la cometa que vuela con sus dedos lastimados déjate quemar por los rayos de un sol tibio déjate llevar por un viento que conduce hacia el olvido
Manuel Tzoc Bucup
. Manuel Tzoc Bucup . Totonicapán . Guatemala . 1982
Buenos Aires a los tantos días de febrero del 2021
Entonces, tus ojos eran caramelos de miel y hablabas de las bicicletas que regalaba el Niño Dios a los que no podíamos comprarlas. El río se callaba para que tú contaras figuritas. Yo era alegre, y eran alegres los nísperos del patio. Y tú eras otro, no el hombre de hoy lejano como todos. Cada domingo era una sorpresa de ciruelas, de plaza con hamacas. Tu padre cantaba en el taller mientras tu madre lavaba mamelucos de amor y aceite. El mío no había partido todavía y llegaba al hogar con dulces y regalos. Yo oía con asombro tus mentiras y creía en gigantes voladores y en ángeles guardianes que cuidaban tu ropa y mis zapatos. Por cada diente el ratón nos compraba mandarinas. La abuela, abría el gran ropero y sacaba turrones envueltos en papeles crocantes. Si vuelves, como entonces, con sombrero de piel y las manos con barro verás, que guardo aún el corazón de las manzanas.
Buenos Aires a los tantos días de febrero del 2021
El primero ocurrió el cuarto día de empezar el año, era lunes. Despierto con la desgana de inaugurar un año al que no elijo dar comienzo. Se llamaba Mariana, fue estrangulada por su marido.
El segundo ocurrió el quinto día de empezar el año, era martes. No hay nada distinto al día anterior, sólo más frío y el puño más cerrado. Se llamaba Silvia, fue apuñalada por su expareja.
El tercero ocurrió el séptimo día de empezar el año, era jueves. Entrecruzo mi pelo para una trenza, es difícil que sea el rostro el que hoy dibuje mi sonrisa. Se llamaba Mirella, fue asesinada por su expareja.
El cuarto ocurrió el undécimo día de empezar el año. era lunes. Mis oídos zumban. No distingo la hierba que permanece con vida. se llamaba Isabel, fue apuñalada por su marido.
El quinto ocurrió el decimotercer día de empezar el año, era miércoles. Al corazón le faltan latidos, se deshace en el perfil del ojo. Cada día mis brazos recogen la misma leña. La lengua rota. Se llamaba Lucinda, fue asesinada a tiros por su exmarido.
El sexto ocurrió el vigésimo primer día de empezar el año, era viernes. Se extiende bajo mi piel el fuego que congela los músculos. No sé qué haré hoy, se apagan las noches tan rápido. Se llamaba María, fue degollada por su marido.
El séptimo ocurrió el vigésimo tercer día de empezar el año, era sábado. Deshilacho las sábanas, abrazo el cuerpo que duerme conmigo. Enero cubre de hielo todos sus días, parecen nada. Se llamaba Lisa, fue estrangulada por su marido.
El octavo ocurrió el vigésimo séptimo día de empezar el año, era miércoles. Parece que este mes fuera eterno, no termina, y aún quedan once más. Se llamaba Ascensión, fue asesinada a golpes por su marido.
El noveno ocurrió el cuadragésimo segundo día de empezar el año, era jueves. Me pesan los restos de horas invisibles, las que no estoy frente a un teclado escondiendo las sombras. se llamaba Ana, fue asesinada de un tiro por su pareja.
El décimo ocurrió el cuadragésimo cuarto día de empezar el año, era sábado. Me asomo a la ventana antes de salir de casa, los pájaros picotean como escarcha la frente. se llamaba Francisca, fue estrangulada y acuchillada por su marido.
El undécimo ocurrió el quincuagésimo tercero día de empezar el año, era lunes. Comienzo la semana con la fuerza suficiente para encarar febrero pero se queda entre las manos perdida, como agua que se cuela entre las grietas. Se llamaba Soraya, fue asesinada a tiros por su exnovio.
El duodécimo ocurrió el septuagésimo primer día de empezar el año, era viernes. El mundo se queda sin brazos, sin pupilas que alcancen, sin hueco para esconder las lágrimas, no se pueden esconder más las lágrimas. El mundo se queda con la muerte. se llamaba Victoria. fue asesinada por su pareja.
El décimo tercero ocurrió el septuagésimo cuarto día de empezar el año, era lunes. Pierdo la cuenta de mi pulso, de los cañones a golpes contra mi cuerpo. tantas son las bocas calladas hasta ahora, tantas las figuras destrozadas, las manos que las atraviesan, como tantos los cómplices, ausentes en este silencio. Y aún no asoma la primavera. se llamaba Silvia, fue apuñalada por su marido.
En el centésimo tercero se llamaba María del Carmen. En el centésimo quinto Cristina. En el centésimo octavo Yolanda. En el centésimo trigésimo segundo María Candelaria. En el centésimo trigésimo tercero Nombre no conocido. En el centésimo quincuagésimo Lucía. En el centésimo quincuagésimo tercero Jana. En el centésimo sexuagésimo tercero Aranzazu. En el centésimo sexuagésimo quinto Johana. En el centésimo octogésimo cuarto Teresa. En el centésimo nonagésimo segundo Karla. En el centésimo nonagésimo tercero Alexandra. En el centésimo nonagésimo noveno Benita. En el dos centésimo segundo Krisztina. En el dos centésimo quinto Arantzazu. En el dos centésimo vigésimo primero Xue. En el dos centésimo trigésimo quinto Jane. En el dos centésimo quincuagésimo noveno Flori. En el dos centésimo sexuagésimo primero Ada. En el dos centésimo octogésimo Mónica. En el dos centésimo nonagésimo Estefanía. En el dos centésimo nonagésimo cuarto Isabel. En el tres centésimo segundo Jaqueline. En el tres centésimo sexto Yolanda. En el tres centésimo vigésimo Celia. En el tres centésimo vigésimo primero Juana. En el tres centésimo vigésimo octavo Alia. En el tres centésimo quincuagésimo segundo Ana. En el tres centésimo quincuagésimo tercero Elena. En el tres centésimo quincuagésimo tercero Mari Carmen. En el tres centésimo quincuagésimo cuarto Victoria
Anochece y sigues pegada a la misma ventana
y a veces está cerrada
y a veces su reflejo te aclara y me deja verte más adentro
y te miro por encima
y te ves más distante que otro planeta
y te miras en el espejo
y la cara te cambia
como si te hubieran apretado lo que te quedaba de alma
en otro pedacito de espacio en el que te deformas
y se te caen las manos
y la boca
en la contemplación de tu ser de agua
que busca fundirse con dioses vestidos de seda
(a veces índigo, a veces celestes, a veces azules)
de múltiples manos
y uñas pintadas
(a veces rosas, a veces rojas, a veces dedos en llamas)
que entonan flautas y danzan al ritmo de tambores
y entonces mi corazón se apaga
porque no contemplas tu sangre
derramada en el piso
y mis manos te buscan y solo siento
el sonido primordial que eres y somos
la nada y el blanco.
Buenos Aires a los veintitrés días de diciembre del 2017
Tengo miedo de sembrar un árbol y
terminar ahorcándome en él
de ser inmolado en el fuego de la
verdad
de tener deseos
de no poder eliminarme.
Tengo miedo de escribir en una hoja
frases que me acuchillen.
De tener un hijo y que algún día me
maldiga.
De tener pareja y perderme en el
laberinto del tú y yo.
De perder el miedo y volverme libre.
Tan libre como para asesinarme con
cariño.
René Segura
. René Segura . Colombia. 1977
... Imagen . Dara Cuervo (Dara Scully)
Buenos Aires a los veintitrés días de enero del 2017
la lucidez es la herida más cercana al sol
René Char
cuando niñas vamos sueltas por el patio
y el sol nos persigue de a caballo
pero la luna implacable nos va dejando sus mareas
hasta que nos desvela
y esa noche encontramos
un cántaro
en lugar de la cintura
aprendices de machi las mujeres
nacemos así al rocío
listas para mirar los barcos que se pierden
descalzas a la neblina antes de que amanezca
nervaduras de lluvia nuestras manos
levantadas al cielo
te salpicará el amor
parirás sin amarras
y recibirás con ojos arrasados
la visita intermitente de la risa
permanecerá la llovizna en tu vientre
porque no te atreverás a ser la madre
de todos los desamparos
que andan por la calle
caudal desubicado te desarmará
en pájaros que no saben hablar
a borbotones no podrás decir
lo que quisieras
mejor dejarlo que se derrame despacio
decir
permiso tengo lluvia y alejarse
a una altura al mar al cielo
hasta que vuelvan a apretarse los musgos
en las profundidades
yo conozco mujeres que nunca se alejan
le abren la compuerta a sus gorriones
y lloran
enjuagan el trapo mojado lo estrujan
limpian con él la tabla y lloran
pican cebollas y más lloran
igual hacen las camas
barren la casa peinan a los chicos
igual lavan
dónde aprendieron
hay otras que se pasan la vida domesticando
a sus pájaros
porque no quieren que irrumpan sin aviso
y los beba el enemigo
guardan su sangre su ausencia quietos en el fondo
y apuntan con palabras nítidas de cuarzo
que van a dar al blanco
yo a las palabras las pienso
y las rescato del moho que me enturbia
cada vez puedo salvar menos
y las protejo
son la leña prendida de atahualpa
que quisiera entregar a esas mujeres
las derramadas las que atajan sus pájaros
a cambio de un abrazo
una vez en febrero yo estaba ahí
en el campo
y se llovía todo
parecía la furia de cai cai sobre nosotros
el agua estaba helada
las ancianas prosiguieron el ritual
y tuve que quedarme
hasta cuándo aguantaremos
pará la lluvia dios es demasiada
no la bebe la tierra se atraganta
y somos casi nada
trazos de tiza borrados por el agua
después de unos siglos el sol abrió las nubes
la voz gastada de meridiana epulef
levantó el taill del cauelo
pensé que dios podía ser ese arco iris
o los caballos en fila
moro zaino pangaré tostado bayo
saludando al horizonte despejado
Buenos Aires a los veinticinco días de agosto del 2016
Se arrojó al río la niña
cuya madre no le dijo: hija mía.
Consuélame, muchacho.
¡Dime una frase, hecha con mi nombre,
para que ardan los crisantemos
y yo tenga una feliz navidad!
Me ama. Los hombres de nucas magras
perforan el tocino con el dedo,
levantan las mantas de carne
y piden un kilo de cebo.
Toca mi mano.
Quien hizo el amor no vaciará mis ojos
porque busco la alegría.
La vida no vale nada,
por eso gasté mis bienes,
hice un gran banquete y este vestido.
Mírame para que ardan los crisantemos
y muera la puta
que parió mi tristeza.
Adélia Prado
... Adélia Prado . Minas Gerais . Brasil . 1935 Versión . José Ioskyn ... Imagen . Dara Cuervo (Dara Scully)
Me apoyo en un olivo que tiene el tronco
abierto en agujeros casi simétricos,
mi espalda contra su espalda, noto
como voy absorbiendo la esencia de la tierra
mis pies van humedeciéndose lentamente y
la tranquilidad torna visible ante la metamorfosis
de mis miembros en hojas verdes,
guardo en la oquedad que era mi boca
una aceituna del tamaño justo y perfecto
de tu ombligo.
Antonio Rigo
. Antonio Rigo. Palma de Mallorca . España . 1957
... Imagen . Dara Cuervo (Dara Scully)
Aquí comienza el campo inexplorado
Redondo a causa de los ojos que lo miran
Y profundo a causa de mi propio corazón
Lleno de zafiros probables
De manos de sonámbulos
De entierros aéreos
Conmovedores como el sueño de los enanos
O el ramo cortado en el infinito
Que trae la gaviota para sus hijos
Hay un espacio despoblado
Que es preciso poblar
De miradas con semillas abiertas
De voces bajadas de la eternidad
De juegos nocturnos y aerolitos de violín
De ruido de rebaños sin permiso
Escapados del cometa que iba a chocar
¿Conoces tú la fuente milagrosa
Que devuelve a la vida los náufragos de antaño?
¿Conoces tú la flor que se llama voz de monja
Que crece hacia abajo y se abre al fondo
De la tierra?
¿Has visto al niño que cantaba
Sentado en una lágrima
El niño que cantaba al lado de un suspiro
O de un ladrido de perro inconsolable?
¿Has visto al arco-iris sin colores
Terriblemente envejecido
Que vuelve del tiempo de los faraones?
El miedo cambia la forma de las flores
Que esperan temblando el juicio final
Una a una las estrellas se arrojan por el balcón.
El mar se está durmiendo detrás de un árbol
Con su calma habitual
Porque sabe desde los tiempos bíblicos
Que el regreso es desconocido en la estrella polar
Ningún navegante ha encontrado la rosa de los mares.
La rosa que trae el recuerdo de sus abuelos
Del fondo de sí misma
Cansada de soñar
Cansada de vivir en cada pétalo
Viento que estás pensando en la rosa del mar
Yo te espero de pie al final de esta línea
Yo sé dónde se esconde la flor que nace
Cuando debajo del mar empieza a atardecer
Y se oye crujir las olas
Bajo los pies del horizonte
Yo sé yo sé dónde se esconde.
Madre, tampoco yo te veo,
porque ahora te cubren las sombras congeladas del menor tiempo y la mayor distancia,
y yo no sé buscarte,
acaso porque no supe aprender a perderte.
Pero aquí estoy, sobre mi pedestal partido por el rayo,
vuelta estatua de arena,
puñado de cenizas para que tú me inscribas la señal,
los signos con que habremos de volver a entendernos.
Aquí estoy, con los pies enredados por las raíces de mi sangre en duelo,
sin poder avanzar.
Búscame entonces tú, en medio de este bosque alucinado
donde cada crujido es tu lamento,
donde cada aleteo es un reclamo de exilio que no entiendo,
donde cada cristal de nieve es un fragmento de tu eternidad,
y cada resplandor, la lámpara que enciendes para que no me pierda entre las galerías de este mundo.
Y todo se confunde.
Y tu vida y tu muerte se mezclan con las mías como las máscaras de las pesadillas.
Y no sé dónde estás.
En vano te invoco en nombre del amor, de la piedad o del perdón,
como quien acaricia un talismán,
una piedra que encierra esa gota de sangre coagulada capaz de revivir en el más imposible de los sueños.
Nada. Solamente una garra de atroces pesadumbres que descorre la tela de otros años
descubriendo una mesa donde partes el pan de cada día,
un cuarto donde alisas con manos de paciencia esos pliegues que graban en mi alma la fiebre y el terror,
Olga Orozco
. Olga Orozco . La Pampa . Argentina . 1920 - Buenos Aires . Argentina . 1999
No entendieron su objetivo. No existe eso llamado silencio. Lo que pensaron que era silencio, porque no sabían como escuchar, estaba lleno de sonidos accidentales.
Podías oir el viento golpeando fuera durante el primer movimiento. Durante el segundo, gotas de lluvia comenzaron a golpetear sobre el techo, y durante el tercero la propia gente hacía todo tipo de sonidos interesantes a medida que hablaban o salían.
John Cage
. Sobre la premier de 4′33″
.. John Cage. Los Ángeles.1912 . EEUU - Nueva York. 1992 . EEUU
... Imagen. Dara Cuervo (Dara Scully)
A veces, en noches así
sin un por qué e inevitablemente
desde rincones ignorados llega
con rostro taciturno, envejecido,
la tristeza, como una buena amiga.
La miro desde todas mis tibiezas,
abro ante ella plenitud de alas;
enciendo los azahares,
tejo nubes,
le ofrezco piñas y zumo de jazmines;
entibio los recuerdos, enlazo sueños,
pongo en sus manos mis propios aleteos
intento compartir algún camino,
algún pino encendido en cantos.
Ella calla, sonríe y lentamente,
imperceptible y sutil
penetra mi alma.