Yo era la que dormía y despertaba con un hombre no a mi lado sino en mi cabeza. Ellos levantaban la persiana y me hacían renegar por lo rayos del sol, cuando era de día, o por lo tarde de la hora, cuando las hojas del tilo rechinan y agrietan entonces el aire. Yo me dormía pensando en la cara y el gesto del próximo hombre, y éste no llegaba nunca ni se atrevía a golpearme la puerta. La mañana era siempre igual desinfectaba los delirios nocturnos suavemente, y amontonaba ecos, almohadones desamparados.
Buenos Aires a los once días de septiembre del 2023
Una mujer sola frente al mar es más majestuosa que él. Puede pasar una gaviota augurando la muerte o puede caer el sol humedeciendo las lonas de las carpas hasta apagarlas pero una mujer frente al mar mece su soledad como una dueña y no se estremece. La luz del mar tiene la importancia y el movimiento de su ánimo, de su alma. El viento suena alrededor de la mujer y la despierta ahora se trata de la playa sin luz, una mujer, el sol caído, el sonido del mar, carpas levantadas, el viento que lo da vuelta todo.
Buenos Aires a los veintinueve días de mayo del 2022
Me veo terrible y horrible. Me veo graciosa, agraciada, agradecida. Claramente oscura de verdad me veo calamitosa. Sola multitudinaria querible; sin saber hablar, sin que nadie hable me veo mía y mundana cotidiana, tenebrosa, y sin pena, ni gloria actual temible, che, temible.
Pido peras al olmo. Las saboreo: son deliciosas. He pedido gato por liebre; me lo han dado. Me han contado historias libidinosas a medianoche; gozaba, con cada palabra, con cada gesto. He amado la noche cuando amanecía, amé la muerte, y soñé con la realidad.
Consecuente, ella empezó a lavar su ropa. Puso agua en un balde y agitó el jabón, con un sentimiento ambiguo: era un olor nuevo y una nueva certeza para contar al mundo. “Mirar cómo se rompen las burbujas, dijo, no es más extraño que mirarse a un espejo.” Creía que hablaba para sus papeles y se rió, mientras tocaba el agua. La ropa se sumergía despacio, y la frotaba despacio, a medida que iba conociendo el juego. Decidida, tomó cada burbuja de jabón y le puso un nombre; era lo mejor que sabía hacer hasta ahora, nombrar, y que las cosas le estallaran en la mano.
Si el aire sale por mi boca
se me escapa
el alma. Si se me va
el alma por la boca, muero
madre, pero si
el aire queda, también muero,
ayudame a,
preciso
alma, aire
Irene Grus
. Irene Gruss . Buenos Aires . Argentina . 1950. 2018
.... Imagen . Katia Chausheva
Quiero que venga la lluvia
que nadie escuche los ruidos que hago.
Ahora mi cabeza es una pobre semilla
en el centro de un mortero; ahora el corazón
me da vueltas por toda la pieza
y en las avenidas, sobre cada mirada, mueve su cola
al ritmo de una fiesta amarga.
La lluvia tiene que caer, inconsolable,
tiene que darme su dolor lento o
quitarme la torpeza del corazón.
Debería estar lloviendo en toda la ciudad
y que nadie me escuche.
Irene Gruss
. Irene Gruss . Ciudad de Buenos Aires . Argentina . 1950. 2018
. .. Imagen . Laura Makabresku
Estoy desnuda.
Quieta y desnuda.
No soy un pájaro sino
este cuerpo.
A veces la desnudez trae el pavor.
A veces el pavor no trae nada.
Yo quisiera poder caminar desnuda
y disolverme.
Irene Gruss
. Irene Gruss . Ciudad de Buenos Aires . Argentina . 1950. 2018
.... Imagen . Laura Makabresku
Buenos Aires a los veintiséis días de diciembre del 2018
Que te quede de mí
ese ruido de amapolas
endebles y furiosas
besándote
y guardes la mirada
perdida, detenida
en algún punto fijo, como
si te mirara detenidamente,
perdidamente,
y te toquen la memoria
mis manos
como si te tocara,
y veles
el cuerpo vivo,
increíblemente vivo
que tuve.
Irene Gruss
. Irene Gruss . Ciudad de Buenos Aires . Argentina . 1950. 2018
... Imagen . Katia Chausheva
El viento me habla
me dice "yo susurro yo te golpeo
pero allá, en la ciudad
alguien está esperando para golpearte
y para amarte como un susurro.
Yo voy a darte la charla de los pájaros
de los amigos
(el mar también suele ser un susurro)
pero allá, en la ciudad
alguien está esperando para hablarte
y callarse.
Yo muevo los árboles, los días, te golpeo,
pero allá, en la ciudad
alguien está esperando para que llegues
y el viento se termine".
Irene Gruss
. Irene Gruss. Buenos Aires . 1950
... Imagen . Philippe Conquet
Ahora que todavía puedes, canta
tu delirio;
después, sirena encantada por marinos
atados a un poste,
después, sirena de voz dulce
y corazón tenebroso, incapaz
de sostener
no la nota sino la cordura
-elige el mar, no el barco-, después, elegir
más tarde que inútil: tu canto, sirena,
te desviará a ti misma,
te perderás ahí en cubierta,
en la orilla o allá, en tu casa.
Aprovecha la garganta, ahora
que no tienes pies
en la tierra, marea y
ensordece el oído del humano
hasta que se canse, hasta que te canses, y el
estruendo
sea como el de un barco que encalla
en el ojo de la tormenta, no en el sonido
cabal de la tormenta. O canta
esa suave y triste canción
que te sabes
de memoria, hasta que el agua misma
se confunda,
o aquella que habla de
cosas alegres,
cosas que duran, cosas
reales, imaginarias, y
tu voz suene tan real o imaginaria
que consterne. Hazlo ahora, sirena,
ahora que la prudencia,
como la noche, llama a víspera,
ahora que la luna, cantante muda,
no te ve ni te altera,
ahora, canta,
sin añorar la muerte y la vida.
Irene Gruss
. Irene Gruss . Buenos Aires . 1950
.. Imagen . Polina Washington
Se tapa la cara
con un pañuelo azul, y
dice
que no está. Se cae el pañuelo
y mi hija aparece,
porque la iluminación
en un escenario no es real. Hay
un redondel de luz que se mueve
dentro y fuera de lo que estamos
viendo, y todo
lo que allí pase va a ser aceptado,
como quien acepta la historia.
Mi hija aparece tras el
pañuelo azul; su cara
se ilumina como en cualquier escenario.
y ahora dice que
está,
como quien confirma
la magia.
Irene Gruss
. Irene Gruss. Buenos Aires . 1950
... Imagen . Nádia Maria