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altavoz

 .
Buenos Aires a los  veintiocho días de mayo del 2017
Peligrosamente pirómana
ojos crespos cremosos
definitivamente sus labios
ya no son una lejanía
Una presencia erótica
que se confunde
con la mirada y el sabor carnoso.
Pirómana
densa como un baile de tambores
su fuego medular
la sucumbe ebria y poética
en su llamada urgente.
Conspira sola
fuego exacto e incendio múltiple
su gravedad no está hecha de sonidos
atravesadas por vientos dictatoriales.
Su lumbre sentencia algarabía múltiple.
Altavoz profundo
en ella todo tiene sonidos
haga lo que haga
profundas lenguas de su poesía grave
elevan los aires incandescentes
los baila
los siente
en su vientre de hembra
fugaz.
Densa y liviana ora con el fuego en el cuerpo
y el sonido rompe su baile
con la fuerza de su mirada
hechizada de sudores fieros.


Andrés Caicedo



. Andrés Caicedo . Cali .  Colombia  . 1951 – 1977
... Imagen . Laura  Makabresku







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elle

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Buenos Aires, 8 de diciembre de 2009





No sabemos a qué obedece tu presencia, pero estás allí, amor, totalmente desarraigada de lo que nos rodea.
Estás allí sólo para que podamos amar, dispuesta nada más a que nuestros cuerpos pataleén enchuspados en el tuyo y se revuelquen por turno o a un mismo tiempo en tus entrañas dulces y jugosas.


Y ya lo ves, estoy hablando de ti otra vez, sé que no se puede, que es imposible, pero no importa, me gusta inventar. Nada importa si total, hundimos la cabeza entre tus senos y chupamos tu pelo como si fuera opio.
Adivinarnos lo que estás sintiendo tu cuerpo cuando tus rodillas nos golpean, nos maltratan en su orden de que convirtamos todo lo que te pertenece en una bella masa líquida. Y vemos nuestras caras retratadas allí donde sabes que está la palabra felicidad escrita de la forma más desconocida.


Yo le tomé una fotografía y al revelarla, no había más que un relámpago manchoso.
Ni siquiera una cámara fotográfica pudo llegar a recordarla. Ella metía la mano entre mis piernas y agarraba todo, y así dormía. Repetía que sólo nos tenía a nosotros, que fuera de nosotros no existía nada, porque juntos conjurábamos a la eternidad. Nos empujaba hasta el borde de la cama. Descolgaba las piernas y nosotros, apoyados sobre la pared, nos tirábamos de cabeza por el único camino que había en el mundo. Y nos dijo que se iba a ir, y la vieja Carmen que tocaba a la puerta, para que le apuraramos.


Pero nosotros jamás saldremos.



Andrés Caicedo





Andrés Caicedo  . Cali . Colombia . 1951 - 1977



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