Buenos Aires a los diecinueve días de julio del 2022
Intuyo un colibrí parido por un Dios infinito. Del pico del colibrí nacen imágenes. Y el colibrí dicta su aritmética al cuerpo, posado sobre un puente de plata. Todo esto ocurre en el centro inasible de una glándula. Mientras la lluvia golpea la ventana y tú juegas sentada frente al fuego.
Buenos Aires a los veintiún días de enero del 2020
Esta es la hora del eclipse lunar. La hora de la sed.
Peter Pan se resiste a crecer y languidece en el País del Nunca Jamás.
La sirenita se muerde la cola y se ahoga en el mar.
Y no hay príncipes. Ni brujas.
Solo yo misma, pero del otro lado.
Es la hora del reverso ignorado y el castillo quemándose por dentro.
La hora de los puentes cortados y los dragones escupiendo fuego.
El patito feo nace y muere patito feo.
No hay hermosura oculta, diferida o ansiada.
Solo yo misma, desencadenada.
Ay, si alguien me enviara esas rosas, para no darles agua.
Si alguien me enviara esa carta, para romperla sin haberla leído.
Si alguien se entregara a mí, para traicionarlo.
Si alguien me hiciera una promesa, para no escucharla.
Es la hora en que asoma todo lo que hubiera elegido para ser castigada.
No es el mundo al revés. Es solo mi revés, descontrolado.
El inadvertido, el desapercibido, el subestimado.
Es la hora del suicidio implícito, obstinadamente ejecutado.