Mostrando las entradas con la etiqueta Alessandro Baricco. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Alessandro Baricco. Mostrar todas las entradas

lento lentissimo

Buenos Aires al noveno día de  marzo del 2020
.
Deja la pluma, dobla la hoja, la mete en un sobre. Se levanta, coge de su baúl una caja de caoba, levanta la tapa, deja caer la carta en su interior, abierta y sin señas. En la caja hay centenares de sobres iguales. Abiertos y sin señas.
Bartleboom tiene treinta y ocho años. Él cree que en alguna parte, por el mundo, encontrará algún día a una mujer que, desde siempre, es su mujer. De vez en cuando lamenta que el destino se obstine en hacerle esperar con obstinación tan descortés, pero con el tiempo ha aprendido a pensar en el asunto con gran serenidad. Casi cada día, desde hace ya años, toma la pluma y le escribe. No tiene nombre y no tiene señas para poner en los sobres, pero tiene una vida que contar. Y ¿a quién sino a ella? Él cree que cuando se encuentren será hermoso depositar en su regazo una caja de caoba repleta de cartas y decirle
—Te esperaba.
Ella abrirá la caja y lentamente, cuando quiera, leerá las cartas una a una y retrocediendo por un kilométrico hilo de tinta azul recobrará los años —los días, los instantes— que ese hombre, incluso antes de conocerla, ya le había regalado. O tal vez, más sencillamente, volcará la caja y, atónita ante aquella divertida nevada de cartas, sonreirá diciéndole a ese hombre
—Tú estás loco.
Y lo amará para siempre.


Alessandro Baricco  . Océano Mar 




. Alessandro Baricco. Turín .  Italia. 1958
  Versión . Alastair McEwen
.. Imagen . Cristina Coral











.


el cuerpo habitado

.

almatica
Hervé Joncour sintió el agua regarse encima de su cuerpo, sobre las piernas primero, y después a lo largo de los brazos y encima del pecho. Agua como aceite. Y un silencio extraño, alrededor. Sintió la levedad de un velo de seda que bajaba sobre él. Y las manos de una mujer -de una mujer- que lo secaban, acariciando su piel por todas partes: aquellas manos y aquel tejido urdido de nada. Él no se movió nunca, ni siquiera cuando sintió las manos subir de la espalda al cuello y los dedos -la seda y los dedos- subir hasta sus labios y rozarlos, lentamente, una vez, y desaparecer.


Alessandro Baricco.  Seda




. Alessandro Baricco. Turín .  Italia. 1958
  Versión . Xavier González .  Carlos Gumpert
.



almatica


.

.

jeu de miroirs

.


Aquellas dos imágenes le habían entrado por los ojos como la instantánea percepción de la felicidad absoluta y sin condiciones. Se las llevaría consigo para siempre. Porque es así como te fastidia la vida. Te pilla cuando todavía tienes el alma adormecida y siembra en su interior una imagen, o un olor, o un sonido que después ya nunca puedes sacarte de encima. Y aquélla era la felicidad, Lo descubres después, cuando ya es demasiado tarde. Y ya eres, para siempre, un exiliado: a miles de kilómetros de aquella imagen, de aquel sonido, de aquel olor. A la deriva.




Alessandro Baricco . Tierras de Cristal


. Alessandro Baricco. Turín . Italia. 1958
  Versión . Carlos Gumpert . Xavier Gonzalez
... Imagen . Chiron Duong


.

serán mis labios

.


Señor amado mío, no abras los ojos, no todavía, no debes tener miedo estoy cerca de ti, ¿me oyes?, estoy aquí, puedo rozarte, y esta seda, ¿la sientes?, es la seda de mi vestido, no abras los ojos y tendrás mi piel, tendrás mis labios, cuando te toque por primera vez será con mis labios.


Alessandro Baricco . Seda



. Alessandro Baricco. Turín . Italia. 1958
  Versión . Xavier González . Carlos Gumpert
.. Imagen . Chiron Duong

.

momentos

.
 


La voz pinta en cada relato, mientras la melodía nos lleva a otro lugar por unos instantes
¿me acompañas?
Si te quedas un ratito puedes escucharme leyendo mis fragmentos de libros preferidos.



Alessandro Baricco  . Océano Mar





. Alessandro Baricco.  Turín .   Italia . 1958
  Versión .  Alastair McEwen
.. Imagen . Rene Groebli

 
.

dulce abismo


  

.



Hervé Joncour sintió resbalar el agua por su cuerpo, primero sobre las piernas, y después a lo largo de los brazos, y sobre el pecho. Agua como aceite. Y un silencio extraño a su alrededor. Sintió la ligereza de un velo de seda que descendía sobre él.Y la mano de una mujer –de una mujer- que lo secaba acariciando su piel por todas partes: Aquellas manos y aquel paño tejido de nada.

Él no se movió en ningún momento, ni siquiera cuando sintió que las manos subían por los hombros hasta el cuello y los dedos –la seda y los dedos-, subían hasta sus labios, y los rozaban, una vez, lentamente, y desaparecían.




Alessandro Baricco  .  Seda 




. Alessandro Baricco. Turín .  Italia. 1958
  Versión . Xavier González . Carlos Gumpert
... Imagen . Zhang Ahuei

 
.


.