Buenos Aires a los veintiún días de septiembre del 2023
Para cazar insectos y aderezarlos, mi abuela era especial. Les mantenía la vida por mayor deleite y mayor asombro de los clientes o convidados. A la noche, íbamos a las mesitas del jardín con platitos y saleros. En torno, estaban los rosales; las rosas únicas, inmóviles y nevadas. Se oía el run run de los insectos, debidamente atados y mareados. Los clientes llegaban como escondiéndose. Algunos pedían luciérnagas, que era lo más caro. Aquellas luces. Otros, mariposas gruesas, color crema, con una hoja de menta y un minúsculo caracolillo. Y recuerdo cuando servimos a aquella gran mariposa negra, que parecía de terciopelo, que parecía una mujer.
Buenos Aires a los tantos días de septiembre del 2021
Adentro, no queda nadie. Voy a gritar; para qué, si nadie oye. Algunas mariposas chocan en los vidrios.
MdG
esta casa nos está expulsando a las dos ya no podemos vivir un día más juntas, quién hubiera imaginado que el techo se caería tres veces en un año sobre nuestras cabezas que todos los caños se pudrirían, que uno literalmente explotaría cuando yo estaba acomodando mi casita poniendo plantas en las equinas vacías de un lugar grande y mío que no puedo mantener todavía pero que amo, lo amo mientras miro el cuarto que tiene solo un colchón y una sábana, persianas que abren mal y cierran peor pero también la mejor luz y el mejor viento en el lugar mejor ubicado del planeta. miro mi casita y pienso “acá si voy a ser amada”, y cuando vuelvo hacia vos te encuentro mojada y confundida, el agua del techo se escurrió por las paredes mientras te estabas peinando y sentiste en tu cabeza el derrumbe del placar podrido desde adentro, el colapso de esta casa en la que no nos supimos querer ni aprendimos a ser una madre y una hija que compartan un lenguaje, donde dejo que se acumule tierra sobre mis cosas porque no siento amor por la madera que mordí para calmarme. entonces pasás incrédula el trapo mientras no sentís nada por esta casa, y yo tampoco siento nada por esta casa y el plomero calcula los daños de su propio error, en el ejercicio mecánico de barrer y acumular escombros mientras pensás que tal vez eso estuvimos haciendo la una con la otra intentar edificar algo sobre la base de lo que ya estaba roto y fallar de una forma triste y un poco patética pero al menos ya sabiendo que alejarnos es el acto de amor más grande que podemos entender.
Yo que corría a tu lado como una sombra, como una invisible luz, y asistí a la gloria de la mañana y de la tarde de cada día, y veía caer del cielo un coco y su rayo esplendoroso, y, adentro, nácar (¡Que se abra! ¡Que se abriera!) que no. Y llevé en el solitario corazón todos los claveles rojos que en el mundo han sido, sólo porque existías, porque tu cara era como era.
Aquella muchacha escribía poemas; los colocaba cerca de las hornacinas, de las tazas. Era cuando iban las nubes por las habitaciones, y siempre venía una grulla o un águila a tomar el té con mi madre.
Aquella muchacha escribía poemas enervantes y dulces, con gusto a durazno y a hueso y sangre de ave. Era en los viejos veranos de la casa, o en el otoño con las neblinas y los reyes. A veces llegaba un druida, un monje de la mitad del bosque y tendía la mano esquelética, y mi madre le daba té y fingía rezar. Aquella muchacha escribía poemas; los colocaba cerca de las hornacinas, de las lámparas. A veces, entraban las nubes, el viento de abril, y se los llevaban; y allá en el aire ellos resplandecían; entonces, se amontonaban gozosos a leerlos, las mariposas y los santos.
Marosa di Giorgio
. Marosa di Giorgio . Salto . Uruguay. 1932 - Montevideo . Uruguay . 2004
... Imagen . Kamil Vojnar
Buenos Aires a los dieciocho días de mayo del 2019
Recuerdo mi casamiento, realizado remotamente; allá en los albores del tiempo.
Mi madre y mis hermanas se iban por los corredores. Y los viejos murciélagos
–testigos de las nupcias de mis padres- salieron de entre las telarañas, a fumar,
descreídos, sus pipas.
Todo el día surgió humo de la casa; pero, no vino nadie; sólo al atardecer empezaron a acudir animalejos e increíbles parientes, de las más profundas chacras;
muchos de los cuales sólo conocíamos de nombre; pero, que habían oído la
señal; algunos con todo el cuerpo cubierto de vello, no necesitaron vestirse, y,
caminaban a trechos en cuatro patas. Traían canastillas de hongos de colores:
verdes, rojos, dorados, plateados, de un luminoso amarillo, unos crudos; otros,
apenas asados o confitados.
El ceremonial exigía que todas las mujeres se velasen – sólo les asomaban los ojos,
y parecían iguales-; y que yo saliera desnuda, allá bajo las extrañas miradas.
Después, sobre nuestras cabezas, nuestros platos, empezaron a pasar carnes
chisporroteantes y loco vino. Pero, bajo tierra, la banda de tamboriles, de topos
ciegos, seguía sordamente.
A la medianoche, fui a la habitación principal.
Antes de subir al coche, me puse el mantón de las mujeres casadas. Los parientes dormían, deliraban. Como no había novio me besé yo misma, mis propias
manos.
Y partí hacia el sur
Marosa di Giorgio
. Marosa di Giorgio . Salto . Uruguay. 1932 - Montevideo . Uruguay . 2004
... Imagen . Katia Chausheva
Mi ángel de los viñedos y de las rosas,
ángel de la prima y de la hermana
y de los abuelos, con sus finas ramas desplegadas,
todo llenas de florecitas azules
y de panales rojos,
mi rosal y mi romero.
Huésped de los tulipanes y de las lámparas,
mi camarada transparente,
mi amado y mi amada,
mi hombre de miel,
y mi muchacha de la cintura cimbreante
y el corazón de colmena.
Marosa di Giorgio
. Marosa di Giorgio . Salto . Uruguay. 1932 - Montevideo . Uruguay . 2004
... Imagen . James Fitzgerald
Aunque, asombrosamente, los preparativos hubieran empezado años antes; antes de que yo naciese, antes de las bodas de mis padres.
Pero, esa noche, bajo los dorados soles, y entre las berenjenas, que de tan azules, daban resplandores rojos, se atraparon criaturas inocentes, ilegítimas; se les sacaba el pelo y el sexo, y eran tendidos sobre las grandes asaderas.
Por lo menos, eso fue lo que vi en un cuadro, mucho tiempo después: mis familiares, de pie, ante la Divinidad de los tomates.
Y toda la noche se oyó una música grave, inexplicable; como si sonaran juntos, y fueran uno solo, la Danza del Fuego y el Bolero de Ravel.
Marosa di Giorgio
. Marosa di Giorgio . Salto . Uruguay. 1932 - Montevideo . Uruguay . 2004
Cuando suben los caracoles por el arco iris, y en los lejanos palomares, las palomas arrullan sus pimpollos parecidos a huevos de rosa y la rosa pone su huevo y en el horizonte prende otra vez la guerra, transitan los guerreros y las flores. Cuando entra la luna por la chimenea y cada platillo sostiene tenazmente su hálito, su pandorga de almíbar, de aroma, y las mesas y las camas parecen margaritas con abejas, y se salen los príncipes de los medallones -el tallo esbelto, de plata, la cara amarilla- y traemos la lámpara, las tazas, y alguna tacita vuela tenuemente, choca apenas con algún florido mueble. Y allá, por el aire, ella y los pájaros toman el té.
Marosa di Giorgio
. Marosa di Giorgio . Salto . Uruguay. 1932 - Montevideo . Uruguay . 2004
Empecé a matarlo. Porque no digas mi amor a nadie-a entreabrirle los pétalos del pecho,
a sacarle el corazón.
El se apoyó en mi brazo, le latía con locura el almíbar de los dedos.
Empezó a morir. Cerca del bosque empezó a morir. Rompí a llorar.
Voy a matar los panales; voy a quebrar las almendras, a comer alabastro amargo. Su muerte siguió a lo largo del bosque. Quise recogerla en mi saya, reunirla en mis brazos, abrazarla.
Voy a tener hijos de almíbar y de pétalos y no podrán besarte, oh, mi novio de miel, mi tulipán.
Lloraba desesperadamente.
Quería juntar los pétalos, reconstruir la miel, sacarlo de la muerte, ganarlo para siempre, que no tuviera fin este poema.
Marosa
. Marosa di Giorgio . Salto . Uruguay. 1932 - Montevideo . Uruguay .
A la noche empezó a soplar viento; en verdad, eran jazmines que venían, y eso parecía el viento.
A ras de tierra, por el aire, a través de los árboles, puertas y ventanas; semejaron eludirme, pero, uno me golpeó en el pie; varios, seis, se me acomodaban en la cara, tal rápida corona (se deshizo). Yo estaba junto a la mesa, inmóvil, trazada con un lápiz.
Los Jazmines eran grandes y brillantes como hechos con huevos y con lágrimas.
Los familiares parecieron preguntarme silenciosamente y con alguna ira:
Aprendiste tantas cosas y ahora no puedes explicar?
Se inició alguna conversación en lo oscuro, varias conversaciones, pero se interrumpían porque todo era inútil y nada podía detener a los jazmines.
Marosa di Giorgio
Marosa di Giorgio . Salto . Uruguay. 1932 - Montevideo . Uruguay . 2004
Al subir los soles de la medianoche, dos, como monedas de cobre y oro, las cosas reaparecieron. Hicimos lo de siempre.
Cocinar, lavar. Los violinistas componían más música y la joven druida escribió unos salmos.
Pero esos soles caen, rápidamente, a la otra orilla del cielo.
Y volvió una espesa sombra sobre los campos por donde la madreselva marchaba con sus flores.
Marosa di Giorgio
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Poeta uruguaya nacida en Salto en 1934.
Desde 1978 se radicó en Montevideo donde inició su carrera poética en 1954 con su obra «Poemas». Su ascendencia italiana y vasca la convirtió en una poeta singular, cuya obra respondió siempre a las exigencias de su mundo interior, donde la naturaleza, la magia, la mitología y el misterio, se convirtieron en importantes protagonistas.
El conjunto de su obra, se encuentra reunida en "Los papeles salvajes".
Falleció en el año 2004
Al asomarme, te vi, rocío, y recordé el país de antes.
Antes es el más hermoso país.
Cuando por sobre todo ponías blanca fantasía, tu oscura confitura; hasta los mágicos claveles guerreros amanecían con un copete de plata, velada su taza de rojo café, de canela ardiendo. . Sobre la albahaca, el ¿diente de león?, las ciruelas, las milenarias hadas jovencitas que pululaban entre nosotros, allá, junto a los castaños y los robles. . Tu bordadura de luna asustaba a las arañas, que quedaban inmóviles; alhelí sobre alhelíes; lirio sobre lirios, lila de nieve. Por tus reflejos se perdía el rumbo de la escuela; llovías sobre las manos de mamá, que preparaba el desayuno, fuera, hacía los ramos ?con su gran traje de baile y capelina? hacía las ensaladas de celeste lechuga y diabólico ají, las grandes ensaladas verdes y granates, con las cuales crecimos, vimos pasar los años y las clases, las muertes y las bodas, la vida de los cielos y la tierra.
Marosa Di Giorgio
Marosa di Giorgio . Salto . Uruguay. 1932 - Montevideo . Uruguay . 2004
Mi alma es una gasa inmensa,
livianísima; está por todo;
es una mariposa espesa,
cuyas firmes piernas de hilo asen lo que fue o es de mi.
Y para siempre. .
Marosa Di Giorgio
. Marosa di Giorgio . Salto . Uruguay. 1932 - Montevideo . Uruguay . 2004
Las flores de zapallo corren por el aire y por la tierra como una enredadera de bengalas; mi madre las siega, las pone en el cesto; de pronto, se estremece, queda inmóvil; pero, huye hacia la casa; y pronto, un aroma a óleo y a almuerzo recorre la casa. Estoy sentada en el comedor, trazo mis deberes,–tendré que cruzar el campo, que ir a la escuela– los platitos y las tacitas, en línea, como calaveras de nenas recién nacidas.
Surge un diablo; se para a mi lado. Mi madre –desde allá– nota que hay algo extraño entre las paredes; acude; él se oculta; ella va hacia el jardín, dice algo por disimular; luego arriesga: “– Creo que aquellos están otra vez; hoy vi uno en el zapallar”. Yo nada digo; ella vuelve a su fuego y a sus flores. Él surge de nuevo, se para a mi lado –es oscuro, hermoso, alto casi como un hombre–; me mira, me dice que me quiere, que va a ir conmigo por el campo.
Marosa di Giorgio
. Marosa di Giorgio . Salto . Uruguay. 1932 - Montevideo . Uruguay . 2004 . Foto . Rimel Neffati