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sexta dimensión

 .

Buenos Aires a los veintiocho días de noviembre del 2023


No soy tan importante
sin embargo
así y todo
soy el centro del universo
su sexta dimensión
me has recorrido en los pasillos de los hospitales
y he estado contigo entre la noche que nunca
se anota en las luces de un bar
la mano de la mesa sosteniéndote
hemos estado tambaleantes en la radio patrulla así
como debajo
de la bota
de aquellos a quienes más les valiera sentir
vergüenza
escondida en el botón más tierno de un ramillete de novia
parte soy de la rosa
que apenas
se abre
como una promesa recién hecha
y me visitan en las prisiones
en los teatros cuando termina la función y entran
los barrenderos,
y en el cuarto desnudo donde se encierra a las
siete la soledad de la monja
donde el silencio se suelta la cofia y caen
abatidas las cuentas de su rosario
sobre la mesa
yo duelo por el hombre que recuerda
la fecha cuando ingresó a la fábrica nueve meses
atrás
y duelo por la herida
por donde lentamente se desangra y no nota
estoy en la canción que salta entre las ramas
en el último estuche de la muerte
yo soy
la poesía
pero cómo decirlo si siempre he sido muda





Anabel Torres


. Anabel Torres . Bogotá . Colombia . 1948
 

   

 

 

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piromanía

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Buenos Aires a los cinco días de agosto del 2018

Cuando mi cuerpo y mi cabeza
empezaron a arder y a hacer incendios,
mi madre, como un bombero enloquecido
me perseguía por toda la casa.
Apuntaba hacia mí, implacable,
el potente chorro de su miedo
y trataba de tumbarme.
Así crecí.
Mi padre fue distinto.
Defendió ante mí, por igual, y con igual vehemencia y convicción
las ventajas del hielo y el fuego.
Cuando mis incendios llegaban
a su máximo punto de fusión
se apartaba, discreto.
Si fracasaban,
me sugería nuevos sitios.
Me daba claves sobre algunos incendios que él había
hecho propios.
Me hablaba de las maravillas de la sombra
o me traía fósforos.
Si estaba lejos, mandaba largas cartas,
celebrando la vida, la palabra,
nuestra común piromanía.
Y siempre agregaba esta postdata:
'Anabel, el dólar es estrictamente para helados
o fósforos'.
Cuando mi padre temía por mi seguridad
y debió temer, pues conocía no sólo mi gusto por el fuego
sino mi propensión a las quemaduras
lo hacía solo, en su casa.
Mi madre, criada en San Benito, residente
del purgatorio,
hermosa
como un reguero de mandarinas
cuando no estaba de turno,
con su risa de cerezos y pájaro en sus días libres,
al morir me amó por encima de todas las cosas:
No permitió que yo heredara su manguera.
La devolvió a su familia,
a la casa de donde era intacta.
Mi padre, al morir hace tres años, siguió muriendo.
Logró tan difícilmente morir, que incluso
desde entonces
ha salido ileso de algunos atentados.
Amaba tanto la vida. Era tan vigoroso
frente al frío.
Era tan rico en incendios.


Anabel Torres





. Anabel Torres . Bogotá . Colombia .1948
...... Imagen . Théo Gosselin






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