Llegarás a un país sin atardeceres ni lunas. Allí palparás la realidad de tu inexistencia.
Si tuviera facebook me vería hoy en una foto de “tus recuerdos” hace treinta y cinco años escogiendo las mejores flores del verano para ti Pero esa foto no existe ni yo tengo facebook Por eso estoy condenada a elegir mis recuerdos
Hablame, por favor, contame un cuento que me ayude a dormir. Hablame, contame de tus amores, de Paul, el de la bella sonrisa saturnal. Miranos, somos de alguna manera vagabundxs. Cuando se tiene hambre y sed siempre hay alguien que llega y te echa a patadas, y terminás cruzando un mar de lágrimas calientes. Allí mueren quienes buscan refugio. Habría que entender la muerte de otra forma. Habría que raparse la cabeza como cuando murió tu hermana. Habría que amar hasta que acabe el mundo conocido.
Ahora he descubierto el sol, los perros y las mentiras. La vida es más lógica, no he dicho mejor, sino más lógica. Cierro los ojos y tomo sol, juego con un perro tan vulgar que es imposible sentirse separada de él y miento. Eso me obliga por las noches a sacarme los zapatos como quien se desnuda, a caminar descalza por mi casa, a llorar a solas cada tanto. Ahora miro a una mujer ni linda ni fea, pienso que la pequeña vida continúa y que todo dolor importante tiene testigos, aunque sean un perro, el sol o las mentiras.
Buenos Aires a los tantos días de noviembre del 2020
Querida mía:
Las noches, sus bandadas de cuervos y de sueños aleteando negros y graznantes; el infierno que es sordo, la locura ocupando mi frente y la garganta; las horas como hilos de arena en un reloj inacabable, y yo estoy dentro.
Un agujero negro, la razón. La marioneta de mi cuerpo; el mundo inalcanzable, tras un cristal blindado; las palabras que surgen como dentro del agua, o las palabras que retumban; el guiñapo que está flotando dentro de esa agua; el aire que se vuelve un cañonazo, sólido en el pecho; y ese derrumbe incontrolado que el esqueleto oculta. Este dolor sin sitio.
Querida mía, nunca nadie más bello y más ausente. Ahora sé que durante toda mi vida me ha acompañado el miedo a que ya nunca más estuvieras.
Inmaculada Moreno Hernández
. Inmaculada Moreno Hernádez. Cádiz . España . 1960
Te vi muy poquito rato
pero supe que eras de esas
que te dan ganas de amasarle un pan los lunes
hacerle de desayuno tostadas con palta
y sacarle a pasear el perro los jueves por plaza Francia.
Después me confirmaron mi teoría
que estás hecha 100% de material enamorable.
Hay pequeños indicios que me hacen dar cuenta,
querer hablar con alguien para mí ya es un montón
pero si hace falta más
te hubiera cedido esa última empanada de roquefort
que quedaba en la bandeja
aunque por suerte había muchas
así que esto empieza bien
porque no se trata de ceder nada por nadie
sino de envolvernos en una mantita polar
cuando el mundo no sabe dar otra cosa que frío.
No sé si con la edad, el gusto se hace cada vez más difícil
o es que la gente hecha de material enamorable
está en peligro de extinción,
por las dudas no le avisemos a Greenpeace
porque te va a querer juntar con alguien
también hecho de material enamorable
y a mí nunca me tienen en cuenta para eso.
Yo soy 70% algodón, 30% de una cosa inflamable
que se enciende cuando te ve.
Por eso me gustaría que no desaprovechemos esta oportunidad,
y además porque el pan con semillitas me sale rico
y el único molde que tengo
es muy grande para una sola persona.
Verónica Peñaloza
. Verónica Peñaloza. Buenos Aires. Argentina . 1986
... Imagen . Mariam Sitchinava
Tantos poemas que perdí
tantos que oí, de gracia,
al teléfono — ahí está,
de todo hice para que a usted le gustara
fui mujer vulgar,
media-bruja, media-bestia,
risita modernista
rasguñando en la garganta,
pícara, bicha,
tan marica, vándala,
tal vez maquiavélica,
y un día embrutecida,
me serví de mesuras
(era una estrategia),
hice comercio, avara,
aunque un poco bruta,
porque inteligente me ponía
de inmediato rubra, o al contrario, frente
pálida me desconoce
el propio rosa,
y tantas hice, tal vez
queriendo la gloria, la otra
escena a la luz de spots,
tal vez sólo tu cariño,
pero tantas, tantas hice
Ana Cristina Cesar
. Ana Cristina Cesar. Río de Janeiro . Brasil . 1952 .1983
Versión . Sandra Santos
... Imagen . Mariam Sitchinava
Buenos Aires a los veintinueve días de diciembre del 2018
Este amor será escrito
con tinta de tiburón
de los océanos
para que el virus del olvido
no borre sus letras
no borre sus cifras
y la mala memoria
no lo corroa como la carcoma
Con tinta de tiburón
de los océanos
donde se ayuntan las ballenas
y paren los delfines
Con tinta azul de tiburón
de los océanos
y el astil
de aleta
que escribe sobre las aguas
letras que no se borran
y cifras que no desaparecen
Cristina Peri Rossi
. Cristina Peri Rossi . Montevideo . Uruguay . 1941
Buenos Aires a los veinticinco días de noviembre del 2018
mi querida: los hombres nos envidian el penetrante
juego de intimidades sucesivas: los ensordece
el murmullo de palomas que cambiamos
insomnes y ligeras por sobre toda obligación
envidian la obscenidad de nuestros juegos
contar y llorar como hijas de la misma madre
(que hubiéramos compartido los baños y las camas)
o como madres a punto de parir (casi desnudas
y hablando de un dolor parecido)
los hombres es sabido nos envidian
el impenetrable clima de las risas oblicuas
(como de amiguitas a la siesta en el zaguán)
y esa falta de vergüenza al mostrarnos las llagas
o hacerse vestir o acariciar el alma una por otra.
Liliana Lukin
. Liliana Lukin. Buenos Aires. Argentina . 1951
... Imagen . Mariam Sitchinava
Buenos Aires a los diecinueve días de julio del 2018
Por ti, me desnudo hasta la corteza de los nervios.
Me quito la joyería y la pongo en la mesa de noche,
me desencajo las costillas, expando mis pulmones por toda la silla.
Me disuelvo como un medicamento en agua, en vino.
Me derramo sin dejar mancha, y me marcho sin agitar el aire.
Lo hago por amor. Por amor, yo desaparezco.
Kim Addonizio
. Kim Addonizio . Washington . EEUU. 1954
Versión . Martha Rodríguez Mega
... Imagen . Mariam Sitchinava
Mientras el agua cae
sobre tu cuerpo
yo pienso
que de todos los cuerpos del mundo
tú posees el más preciso.
Tienes algo de intercambiable
conmigo, algunos órganos secretos,
los más saludables y hermosos,
o el sabor
o la mirada.
Ayer
me acerqué por tus espaldas
y deslicé mis manos
bajo tus axilas
hasta tocar tus senos. De pronto
sentí
el temblor de una restitución:
si yo hubiera tenido tetas
serían
como las tuyas.
no soy ni seré la bella durmiente
pero tus besos me despabilan
tus besos robados en el parque
cuando hablamos a medio metro
de pintores rusos
el deconstructivismo
la acidez del jazz y Miles Davis
sin que solo me importe -lo confieso-
tu aliento golpeando
aunque debo reconocer
que cuando me mirás
y entre los dos no existe
otra cosa que nosotros
me muerdo los labios
sabiendo de antemano
que según las malas lenguas
no sos para mí
pero lo hacés otra vez
otra vez eso de matarme
con la boca.
Ella sabe que todo es poesía
machacando el ajo en el mortero,
picando el perejil
hasta
indudablemente son poesía
esas yemas de huevo
que son batidas
Y reciben el aceite que cae
gota a gota
y es poesía el mantel
con el viejo bordado de la amatista con flores
y el fuego
y el agua que sale de la canilla.
Y la receta de cocina
que dice entre otras cosas: “una vez que haya leudado
la masa será cortada en estrellas.”
Y la música de la cocina
envolviendo la atmósfera.
Edith Vera
. Edith Vera . Córdoba . Argentina . 1925. 2003
... Imagen . Mariam Sitchinava
En Varsovia, una muchacha hablaba así:
si quieres acariciarme, yo no me opondría
si quieres besarme, te lo permitiría
te permitiría que me desnudes los senos.
Pero debes saber que a papá lo fusilaron los alemanes
y a un hermano mío lo quemaron en los hornos.
Si quieres acariciarme, yo no me opondría
pero debes saber que todos estos muertos aúllan en mí
y yo toda, toda soy de cenizas.
Bésame, pero que no te sepa amarga.
II
En Cracovia, una muchacha hablaba así:
si quieres puedes abrazarme
si quieres puedes acariciarme los senos
pero no me compres nunca abalorios.
Tenía trece años cuando los alemanes
ahorcaron a mamá, de un árbol en la calle.
Si quieres podemos atravesar nadando el Vístula
pero no me digas que tengo el cuello blanco y bello
y no me compres nunca abalorios.
Has oído al hombre que amas hablando consigo mismo en el cuarto de al lado. No sabía que lo escuchabas. Pegaste el oído al muro pero no conseguías captar las palabras, sólo una especie de ruido sordo. ¿Estaba enfadado? ¿Estaba maldiciendo? ¿O era una especie de comentario como una larga y críptica nota al pie en una página de versos? ¿O buscaba algo que había extraviado, como las llaves del coche? Entonces, de repente, se puso a cantar. Te asustaste porque era algo nuevo, pero no abriste la puerta, no entraste, y siguió cantando con su voz grave, desafinada, densa y dura como el brezo. La canción no era para ti, no te mencionaba. Tenía otra fuente de contento, nada que ver contigo en absoluto, era un hombre desconocido, que canta en su cuarto, solo. ¿Por qué te sentiste tan dolida, y tan curiosa, y al mismo tiempo tan feliz, y también tan libre?
Margaret Atwood
. Margaret Atwood . Ottawa . Canadá . 1939 Versión . María Pilar Somacarrera Íñigo .. Imagen . Mariam Sitchinava
Te acecho
con mi mordisco de furia y sal
con mi licor entero
con música, libros y urgencia.
También
con alguna estrella que aún no tiene nombre.
Te acecho
hasta que se dé la ocasión
de poder hablarte a solas.
En tu cuarto o el mío
en un bar
o algún barco sin rumbo.
Con tus velas y mis sueños
con todos los días por delante y por detrás.
Te acecho hasta que descubra
que la magia de un café o una tarde de lluvia
también cabe en tus ganas y las mías
que el asombro a veces está de nuestra parte
y los relojes también pierden su precisión
cuando todo late a destiempo.
Locamente.
Bellamente.
Como debe ser.
Alfredo Palacio
. Alfredo Palacio . Buenos Aires . Argentina . 1949
Una canción para andar desnudo entre los paraguas para saltar los colores y sus charcos para beber de todas las copas hasta el último vino de la noche.
Escribir el mejor poema ese que vuela casi sin nosotros que deja sin aliento.
Donde nombre entre otras cosas el polen de tus ojos que prohíbo a las abejas la espuma de tus hombros que le niego a las orillas el perfume de tu piel que no cabe en la curva de la tarde.
Una canción sólo por esperarte y no desesperar.
Una canción donde me pierdo y no me encuentro.
Una canción que hable de lo que nunca dice tu boca.
Alfredo Palacio
. Alfredo Palacio . Buenos Aires . Argentina . 1949