Me tiré ácido me raspé la piel me escribí encima. Abajo quedaron huellas los textos que no llegaron al canon de mi existencia. Que vengan los cabalistas los estudiantes del Talmud voy a desplegarme sobre la mesa una escritura sagrada. Desnúdenme con cuidado rastreen los indicios discutan el estado original de esta mujer borrada.
Buenos Aires a los veinte días de diciembre del 2022
A mí siempre me dejan ir a todas partes. Hago sola, como Dios. La experiencia se presenta única, iluminada. La trago como un sintético: por la euforia. Si total ya sé que voy a volver rota a mi sitio a casa a donde tomo agua de la canilla y no me pasa nada.
Al último que le lavé los platos desapareció una mañana luego de otra noche abrazados. Sin saber que nunca más lo vería, me quedé haciendo de su casa un lugar más agradable para estar de a dos. Ahora mientras miro fijo tu colador metálico impregnado de harina del día anterior después de que amasaras un pan de ajo esponjoso apenas tostado en la base después de haber separado y estirado del bollo de los días unas pocas horas para nosotros y de que te fueras perfumado a la oficina me debato entre lavar la pila de utensilios grumosos que descansan en tu cocina o desentenderme por completo cepillarme los dientes y salir.
En eso estoy cuando giro
la cabeza y me encuentro
con las sábanas rosadas que cuelgan tendidas en el lavadero arrugadas unas cuantas veces flamean apenas sin rastros de nadie con vista al patio de aire y luz.
Entonces decido hacerme del chiquero fregar con virulana el engrudo que se adhiere como crosta al teflón y que en remojo apenas se disuelve para ceder ante mis manos hundidas que sacan llenas de espuma la mugre estanca en la rejilla:
es imposible salir limpia tanto de las tareas del hogar como del amor.
Daniela Aguinsky
. Daniela Aguinsky . Buenos Aires . Argentina .1993 ... Imagen . Brooke DiDonato