Nací en un bosque. No sé cómo me llamo. Nací en una montaña pero cambié de idea. Nací en el desierto. Toda mi gente se murió en el incendio y me dejó con los dioses. Me llamaban polvo. Y cómo me quemaba. Vengo del mar, yo creo. Vengo del berilio, de la aguamarina. Toda mi gente cruzó el borde del mundo a galope tendido. Me llamaban tristeza. No sé cómo me llamo. Vengo de la guerra. Y cómo me quemaba. Nací en llamas, yo creo. Un sol del todo intencional. Un sol en reposo, en constante crepúsculo, que se hunde en la tierra.
I was born in a forest. I don’t know my name. I was born on a mountain but changed my mind. I was born in the desert. All my people died in the fire and left me with the gods. They called me dust. How it burned me. I come from the sea, I believe. I come from beryl, aquamarine. All my people rode their horses off the edge of the world and left me on your doorstep. They called me sorrow. I don’t know my name. I come from wartime. How it burned me. I was born aflame, I believe. A sun so intentional. A sun in repose, a sun in continuous sunset, sinking into the ground.
El tiempo del amor es escaso, apenas una hora, brillante como una moneda caída, enriquece el amor. Pasamos una hora juntas, no la gastamos en flores o vino, sino en la inmensidad del cielo estival junto a una acequia. Durante miles de segundos nos besamos; tu cabello como un tesoro en la tierra; la luz de Midas convierte tus miembros en oro. El tiempo transcurre, somos millonarias en la ironía de la noche. Ninguna oscuridad acabará con nuestra hora reluciente, ninguna joya puede compararse con el canto del cuco colgado de la brizna de hierba de tu oreja, ni un candelabro o un faro te iluminarían mejor que ahora. El tiempo odia al amor, desea empobrecerlo, pero el amor teje oro, oro, convierte la paja en oro.
Love’s time’s beggar, but even a single hour, bright as a dropped coin, makes love rich. We find an hour together, spend it not on flowers or wine, but the whole of the summer sky and a grass ditch. For thousands of seconds we kiss; your hair like treasure on the ground; the Midas light turning your limbs to gold. Time slows, for here we are millonaires, backhanding the night so nothing dark will end our shining hour, no jewel hold a candle to the cuckoo spit hung from the blade of grass at your ear, no chandelier or spotlight see you better lit
than here. Now. Time hates love, wants love poor, but love spins gold, gold, gold from straw.
Lago negro, barca negra, dos negras figuras recortadas, de papel. ¿Adónde van los árboles negros que abrevan aquí? Sus sombras deben cubrir todo el Canadá.
Las flores acuáticas exhalan una luz tenue Sus hojas no quieren que nos apresuremos: Son redondas y lisas, cargadas de oscuras advertencias.
El remo agita una infinidad de mundos fríos. El espíritu de lo oscuro habita en nosotros, late en los peces. Un tronco nos despide ondeando su pálida mano.
Las estrellas se abren entre los lirios. ¿No te ciega la inexpresividad de estas sirenas? Ese es el silencio de las almas atónitas.
Black lake, black boat, two black, cut-paper people. Where do the black trees go that drink here? Their shadows must cover Canada.
A little light is filtering from the water flowers. Their leaves do not wish us to hurry: They are round and flat and full of dark advice.
Cold worlds shake from the oar. The spirit of blackness is in us, it is in the fishes. A snag is lifting a valedictory, pale hand;
Stars open among the lilies. Are you not blinded by such expressionless sirens? This is the silence of astounded souls.
Sylvia Plath
. . . Sylvia Plath . Boston . EEUU . 1932 . Londres . Reino Unido . 1963 Versión . Xoán Abeleira
Algo de todo esto tiene que drenar creo que es la época del mes la sangre a punto de caer las gotas en el techo que no dejan de caer los días pesando en mis párpados todas las plantas que no regué la forma de hablar de mi hermana el rompecabezas que me regalaste el insomnio y la luz tenue del amanecer la lluvia tamizada del viernes a la tarde diciéndome que ya fue suficiente la forma en la que nos dijimos hasta pronto tu piel enrojecida el moretón violeta que encuentro frente al espejo en mi brazo antes de bañarme la boleta del gas vencida clavada en la pared la llamada de mi mamá que retumba en las paredes blancas el camel de tus ojos mis cosas en el cementerio de tu casa el cepillo de dientes que tire a la basura mientras elegía lo imprescindible las sábanas girando en el lavarropas el jabón siendo insuficiente los ácaros bailando detrás de las cortinas la llamada que insistir en no atender el semáforo cambiando demasiado rápido la suave pasajera distancia entre los fines de semana la cicatriz que dejó en mi mano tu cocina la suave suave suave piel de tu espalda y la lluvia murmurándome otra vez que ya fue suficiente.
Pilar Sanjurjo
... Pilar Sanjurjo . Lomas de Zamora . Prov. de Buenos Aires . Argentina . 1997
Yo estaba acostumbrada a venir a casa con un viejo amigo Que ponía su mano en mis hombros. Yo raramente tropezaba porque él irradiaba el calor de las manzanas y la paz del
tilo. Era el árbol de mis pasos. Y volviendo a casa, regresaba al paisaje que me hacía humana.
Eu estava habituada a vir para casa com um velho amigo Que me punha a mão nos ombros. Eu raramente tropeçava Porque dele irradiava o calor das macieiras e a paz das Tílias. Era a árvore dos meus passos. E, regressando a casa, Regressava à Paisagem que humana me fazia.
Maria Gabriela Llansol
. Maria Gabriela Llansol . Lisboa. Portugal . 1931 – Sintra . Portugal . 2008 Versión . Nidia Hernandez Brizuela
.... Fotograma . Juste la fin du monde . Xavier Dolan
fiel a mis dioses campestres busqué en el mapa un reino luminoso con viento apenas y pájaros (Monet encontraría motivos para quedarse en una ciudad como ésta) así es que bajé del tren dejando atrás el barullo de la última estación y me dije también acá es donde voy a vivir
¡qué diminuta aventura!
tuve que apartarme de mí, revolotear un rato entre la santidad de las flores como una abeja hambrienta, un decir, oliendo polen en un remanso de aire y el lugar una paleta con la incertidumbre del inicio.
Buenos Aires a los veinticinco días de noviembre del 2025
No me importa que me toquen que me metan la mano de improviso por debajo de la falda no me importa que me estrujen mientras no me ignoren róbenme, pero solo las cosas bellas deslícenme la mano en el corpiño no importa mientras no miren al piso cuando paso por la calle úsenme si van a amarme muérdanme si van a adorarme o una forma de ver el mundo la escucha la dicha el protagonismo la plenitud de este amor correspondido la casa en ruinas y el cuerpo un resultado sin importancia.
Buenos Aires a los veinticinco días de noviembre del 2025
Australiano, 40 pirulos ojos azules y piel dorada Lo conocí pidiéndole una lapicera Se hospedaba en el hotel de la esquina de casa Me invitó a salir como pudo Sabía poco castellano y yo poco inglés Pero nos entendimos; teníamos ganas de entendernos Fuimos a bailar; bailaba bien Nos besamos A las seis nos fuimos a desayunar y después lo acompañé al hotel Me invitó a subir, y subimos; pero a la terraza Esperaba sexo Erré Me masajeó los pies un largo rato sin hablar Permanecí callada hasta que repitió que quería conocer el Himalaya Andá, le dije Al otro día me dejó flores con mamá y una tarjeta con un poema que hablaba del viento en mi pelo fue el primero y único ramo que recibí en mi vida.
Buenos Aires a los veinticuatro días de noviembre del 2025
Los tulipanes son demasiado entusiastas, acá es invierno. Vean qué blanco todo, qué tranquilo, qué nevado. Aprendo a estar en paz, acostada sola, en silencio como la luz se acuesta en estas paredes blancas, esta cama, estas manos. No soy nadie. Nada tengo que ver con explosiones. Les di mi nombre y mi ropa de calle a las enfermeras y mi historia al anestesista y mi cuerpo a los cirujanos.
Apoyaron mi cabeza entre la almohada y el doblez de la sábana, como un ojo entre dos párpados blancos que no se quieren cerrar. Pupila estúpida, tiene que absorberlo todo. Las enfermeras pasan y pasan, no molestan, a la manera de las gaviotas que van tierra adentro con sus cofias blancas, haciendo cosas con las manos, una igual a la otra, así que es imposible saber cuántas son.
Para ellas mi cuerpo es una piedrita, lo cuidan como el agua cuida a las piedritas que debe arrollar, alisándolas con suavidad. Me traen sopor en sus agujas brillantes, me traen el sueño. Ahora me he perdido, estoy harta de equipaje: mi valijita de charol, como un pastillero negro, mi marido y mi hija que sonríen en la foto familiar; sus sonrisas se clavan en mi piel, pequeños anzuelos sonrientes.
He dejado que se me escapen las cosas, como un carguero de treinta años, tercamente aferrada a mi nombre y dirección. Me han limpiado de todas mis referencias más preciadas, asustada y desnuda en la camilla tapizada de plástico verde vi cómo mi juego de té, mi armario de ropa blanca, mis libros desaparecían de mi vista. Y el agua me cubrió la cabeza. Soy una monja ahora, nunca fui tan pura.
No quería ninguna flor, solo quería yacer mostrando las palmas de las manos, y estar completamente vacía. Cuánta libertad, una no tiene idea cuánta. La tranquilidad es tan grande que encandila. Y no pide nada, el nombre en una etiqueta, algunas chucherías. A esa tranquilidad se aferran los muertos, finalmente. Los imagino cerrando la boca sobre ella, como si fuera una hostia.
En primer lugar, los tulipanes son demasiado rojos, me lastiman. Incluso a través del papel de regalo podía oírlos respirar levemente, a través de su envoltorio blanco, como un bebé terrible. Su rojo le habla a mi herida, se corresponden. Son sutiles: parecen flotar, aunque me hunden, alterándome con sus súbitas lenguas y su color, una docena de pesas rojas que me rodea el cuello.
Nadie me vigilaba, ahora me vigilan. Los tulipanes se vuelven hacia mí, y la ventana a mis espaldas donde una vez al día la luz lentamente se ensancha y adelgaza, y me veo, chata, ridícula, una sombra recortada de papel entre el ojo del sol y los ojos de los tulipanes, y no tengo cara, he querido eclipsarme. Los vívidos tulipanes se devoran mi oxígeno.
Antes de que llegaran el aire estaba suficientemente tranquila, yendo y viniendo, con cada respiración, sin ningún alboroto. Después los tulipanes lo colmaron como un ruido estridente. Ahora el aire se agita y arremolina alrededor a la manera en que un río se agita y arremolina alrededor de una máquina hundida enrojecida por el óxido. Concentran mi atención, que estaba feliz jugando y descansando sin comprometerme.
También las paredes parecen levantar temperatura. Los tulipanes deberían estar enjaulados como animales peligrosos, se abren como la boca de un gran felino africano. Y soy consciente de mi corazón: abre y cierra su cuenco de capullos rojos por puro amor a mí. El agua que pruebo es cálida y salada, como el mar, y viene de un país tan lejano como la salud.
The tulips are too excitable, it is winter here. Look how white everything is, how quiet, how snowed-in. I am learning peacefulness, lying by myself quietly As the light lies on these white walls, this bed, these hands. I am nobody; I have nothing to do with explosions. I have given my name and my day-clothes up to the nurses And my history to the anesthetist and my body to surgeons.
They have propped my head between the pillow and the sheet-cuff Like an eye between two white lids that will not shut. Stupid pupil, it has to take everything in. The nurses pass and pass, they are no trouble,
They pass the way gulls pass inland in their white caps, Doing things with their hands, one just the same as another, So it is impossible to tell how many there are.
My body is a pebble to them, they tend it as water Tends to the pebbles it must run over, smoothing them gently. They bring me numbness in their bright needles, they bring me sleep. Now I have lost myself I am sick of baggage— My patent leather overnight case like a black pillbox, My husband and child smiling out of the family photo; Their smiles catch onto my skin, little smiling hooks.
I have let things slip, a thirty-year-old cargo boat stubbornly hanging on to my name and address. They have swabbed me clear of my loving associations. Scared and bare on the green plastic-pillowed trolley I watched my teaset, my bureaus of linen, my books Sink out of sight, and the water went over my head. I am a nun now, I have never been so pure.
I didn’t want any flowers, I only wanted To lie with my hands turned up and be utterly empty. How free it is, you have no idea how free—
The peacefulness is so big it dazes you,
And it asks nothing, a name tag, a few trinkets.
It is what the dead close on, finally; I imagine them Shutting their mouths on it, like a Communion tablet.
The tulips are too red in the first place, they hurt me. Even through the gift paper I could hear them breathe Lightly, through their white swaddlings, like an awful baby. Their redness talks to my wound, it corresponds. They are subtle: they seem to float, though they weigh me down, Upsetting me with their sudden tongues and their color, A dozen red lead sinkers round my neck.
Nobody watched me before, now I am watched.
The tulips turn to me, and the window behind me Where once a day the light slowly widens and slowly thins, And I see myself, flat, ridiculous, a cut-paper shadow
Between the eye of the sun and the eyes of the tulips,
And I have no face, I have wanted to efface myself.
The vivid tulips eat my oxygen.
Before they came the air was calm enough, Coming and going, breath by breath, without any fuss. Then the tulips filled it up like a loud noise. Now the air snags and eddies round them the way a river Snags and eddies round a sunken rust-red engine. They concentrate my attention, that was happy Playing and resting without committing itself.
The walls, also, seem to be warming themselves. The tulips should be behind bars like dangerous animals; They are opening like the mouth of some great African cat, And I am aware of my heart: it opens and closes Its bowl of red blooms out of sheer love of me. The water I taste is warm and salt, like the sea, And comes from a country far away as health.
Sylvia Plath
. Sylvia Plath . Boston . EEUU . 1932 . Londres . Reino Unido . 1963 Versión . Mirta Rosenberg . Alejandro Crotto ... Imagen . Tim Walker . Dreaming of Another World
Buenos Aires a los veinticuatro días de noviembre del 2025
El viento trajo la presbicia junto a unos sapitos durmiendo en mis párpados un abanico de líneas sonriendo al lado de los ojos otro sabor en la piel. La presbicia llegó junto a una madre huérfana y enferma un hijo pasando a buscarme en mi auto un marido que a veces me baña en indiferencia y a veces me quiere.
Natalia Schapiro
. Natalia Schapiro. Buenos Aires . Argentina . 1974
Buenos Aires a los veinticuatro días de noviembre del 2025
mi cuerpo es una iglesia caótica llena de culpa y vino llevo en los hombros la belleza de la gente que se rinde que se deja caer de rodillas
ante lo terrible de la vida doméstica habito la política de la nostalgia hablo su argot con elegancia rezo el rosal con mis dedos de espina un ave maría por los chacales hambrientos un dios te salve por la fibra de la tristeza un gloria por lo que llega demasiado tarde rezo por las cosas que me dan miedo me invento algunos santos para no sentirme sola.
Luciana Maxit
.. Luciana Maxit . Prov. de Buenos Aires . Argentina . 1992 ... Imagen . Jana Šantavá
Buenos Aires a los veintitrés días de noviembre del 2025
È cambiato il tempo e sta piovendo, ma resto ad aspettare Non m'importa cosa il mondo può pensare, io non me ne voglio andare Io mi guardo dentro e mi domando, ma non sento niente Sono solo un resto di speranza perduta tra la gente
Buenos Aires a los veintitrés días de noviembre del 2025
Amor mío, mira mi boca de vitriolo y mi garganta de cicuta jónica, mira la perdiz de ala rota que carece de casa y muere por los desiertos de tomillo de Rimbaud, mira los árboles como nervios crispados del día llorando agua de guadaña.
Esto es lo que yo veo en la hora lisa de abril, también en la capilla del espejo esto veo, y no puedo pensar en las palomas que habitan la palabra Alejandría, ni escribir cartas para Rilke el poeta
Blanca Andreu
. Blanca Andreu . La Coruña . España . 1959 ... Imagen . Vijay Sarathy
Buenos Aires a los veintitrés días de noviembre del 2025
Un hombre me mira. Me abre la boca y saca una niña que hace equilibrio sobre el cable de la luz. Sonrío desde la lejanía de una rayuela borroneada. Ahora llevo mi cabeza entre las manos y la acaricio como a un bebé dormido de fiebre. Pero él me ha mirado unos segundos y el tiempo explota en el medio de la calle. De camino a casa escupo abejas, flores que crecen entre yuyos.
Carolina Brieux Olivera
. Carolina Brieux Olivera . Ciudad de Buenos Aries. Argentina . 1972
Buenos Aires a los diecisiete días de agosto del 2025
Para aquellos de nosotros que vivimos al borde parados sobre los límites constantes de una decisión crucial y única para aquellos de nosotros que no podemos permitirnos los sueños pasajeros de elegir que amamos en los zaguanes yendo y viniendo en las horas entre los amaneceres mirando adentro y afuera de repente antes y después buscando un ahora que pueda alimentar futuros como el pan en la boca de nuestros niños para que sus sueños no reflejen la muerte de los nuestros; Para aquellos de nosotros que fuimos marcados por el miedo como una leve línea en el medio de nuestras frentes aprendiendo a tener miedo con la leche de nuestras madres porque con esta arma esta ilusión de encontrar alguna seguridad que los de pasos pesados quisieron silenciarnos Para todos nosotros este instante y este triunfo No estábamos destinados a sobrevivir. Y cuando sale el sol tenemos miedo de que no dure y cuando cae el sol tenemos miedo de que no vuelva a salir en la mañana cuando nuestros estómagos están llenos tenemos miedo a la indigestión cuando nuestros estómagos están vacíos tenemos miedo de no volver a comer otra vez cuando somos amados tenemos miedo de que el amor desaparezca y cuando estamos solos tenemos miedo de que el amor no regrese nunca y cuando hablamos tenemos miedo de que nuestras palabras no sean escuchadas ni bienvenidas pero cuando callamos también tenemos miedo
Entonces es mejor hablar recordando que nunca estuvimos destinados a sobrevivir.
For those of us who live at the shoreline standing upon the constant edges of decision crucial and alone for those of us who cannot indulge the passing dreams of choice who love in doorways coming and going in the hours between dawns looking inward and outward at once before and after seeking a now that can breed futures like bread in our children’s mouths so their dreams will not reflect the death of ours;
For those of us who were imprinted with fear like a faint line in the center of our foreheads learning to be afraid with our mother’s milk for by this weapon this illusion of some safety to be found the heavy-footed hoped to silence us For all of us this instant and this triumph We were never meant to survive.
And when the sun rises we are afraid it might not remain when the sun sets we are afraid it might not rise in the morning when our stomachs are full we are afraid of indigestion when our stomachs are empty we are afraid we may never eat again when we are loved we are afraid love will vanish when we are alone we are afraid love will never return and when we speak we are afraid our words will not be heard nor welcomed but when we are silent we are still afraid
So it is better to speak remembering we were never meant to survive.
Audre Lorde
. Audre Lorde . Nueva York . Estados Unidos . 1934 . Saint Croix . Estados Unidos . 1992
Buenos Aires a los diecisiete días de agosto del 2025
En el primer día pasará el ángel que borra las motocicletas. En el segundo día pasará el ángel que apaga la televisión. En el tercer día pasará el ángel que arrasa los autos, los aviones y los barcos. En el cuarto día pasará el ángel que destruye los avisos comerciales. En el quinto día pasará el ángel que acalla las sirenas de ambulancias y bomberos.
En el sexto día llegará el ángel del silencio: solo se oirán los árboles, el mar y las estrellas.
En el séptimo día los hombres comenzarán a hablarse suavemente, cara a cara.
Ivonne Bordelois
. Ivonne Bordelois . Juan Bautista Alberdi . Prov. de Buenos Aires . Argentina . 1934 .. Imagen . Hoda Afshar
Buenos Aires a los diecisiete días de agosto del 2025
El agua de tu rostro en un rincón del jardín, el más oscuro del verano, canta como la luna.
Fantasma. Terrible a mediodía. A la altura de los lirios la muerte sonríe. Sobre una pequeñísima charca, ojo de dios, un insecto flota bocarriba. La miel silba en su vientre abierto al dedo del estío.
Todo canta a la altura de tu rostro suspendido como una luz eterna entre la noche y la noche.
Canta el pantano, arden los árboles, no hay distancia, no hay tiempo. El verano trae lo perdido, el mundo es esta calle de fuego donde todas las rosas caen y vuelven a nacer, donde dos cuerpos se consumen enlazados para siempre en lo más negro del verano.
En un rincón del jardín bajo una piedra canta el verano. En lo más negro, en lo más ciego y blanco, donde todas las rosas caen, allí flota tu rostro, fantasma, terrible a mediodía.
Buenos Aires a los diecisiete días de agosto del 2025
El viento las mueve como si fueran hilos de plata que brillan a la luz de la luna pero no, son tus crines que se agitan al compás del silencio que menea nuestros cuerpos sin decir palabra. Dulce dragona que me abraza, me susurra y me resopla leve el cuello mientras tu desnudez de terso animal escamado, fulgente y confiado baila en el ondular oscuro por este monte que habita el pabellón de tu casa. Ahí me veo volando entre tus brazos, con tus alas abiertas y tu fuego que nos prende y apaga como si fuéramos destellos aislados en medio de la noche. Ahí ¡en el aire está el riesgo! y suspendidos ambos y aferrados bebo tu rostro espigado, tu boca de ángulos cincelada por el tiempo, tus manos de membranas ásperas y lánguidas para que lentos, con cuidado y juntos reposemos en la hierba húmeda, sí, entre sueños.
Buenos Aires a los diecisiete días de agosto del 2025
Vivía envuelta en una leve distancia que le impedía estar del todo presente. Por eso olvidaba tantas cosas: la llave de su casa, que se volvía una casa ajena una puerta cerrada ante su vana espera; el guante, que dejaba su mano fría, desamparada, y el otro guante en una extraña soledad de adiós sin respuesta; sus pulseras, demasiado pesadas. Y al verse los brazos desnudos sentía lástima de su pobreza y empezaba a buscar con un ciego tanteo ese poco de oro extraviado entre papeles juguetes inútiles recetas de cocina cartas de amigos. Tampoco encontraba el pañuelo para secar sus lágrimas. Quién sabe por qué calles polvosas iba su pañuelo de encaje por inclementes pasos pisoteado. Olvidaba sus sueños: al abrir los ojos, aunque una dicha rara la cubriese, se le escapaba el mensaje: en vano buscaba los trozos perdidos de ese rompecabezas del que sólo quedaban, desligados, un árbol, una calle que lleva al mar, el rostro de un desconocido, unas palabras sin sentido.
Alaíde Foppa
.... Alaíde Foppa . Barcelona . España. 1914 . Ciudad de Guatemala . Guatemala . 1980 ( Fue secuestrada, torturada y asesinada por el gobierno del dictador Romero Lucas García )
Buenos Aires a los veintinueve días de abril del 2025
Ella está toda ahí. Fue fundida cuidadosamente para ti y moldeada desde tu infancia, moldeada a partir de tu centenar de estudiantes favoritas. Ella siempre ha estado ahí, cariño. Ella, realmente, es exquisita. Fuegos artificiales en el aburrimiento de febrero y tan real como una olla de hierro. Seamos sinceros, yo he sido pasajera. Un lujo. Un velero rojo brillante en el puerto. Mi pelo agitándose como humo por la ventanilla del auto. Una joven almeja fuera de estación. Ella es más que eso. Es lo que tienes que tener, ha elevado tu práctico crecimiento tropical. Ella no es un experimento. Ella es toda armonía. Ella cuida de que la barca tenga remos y toletes, ha puesto flores silvestres en la ventana para el desayuno, sentada junto al torno de ceramista al mediodía, ha dado a luz tres hijos bajo la luna, tres querubines dibujados por Miguel Ángel, y lo hizo con sus piernas abiertas en los meses terribles en la capilla. Si miras hacia arriba, los niños están allí como delicados globos pegados al techo. Ella ha llevado a cada uno a lo largo del corredor después de la cena, sus cabezas discretamente inclinadas, dos piernas protestando, uno frente al otro, su cara encendida con una canción y un pequeño sueño. Te devuelvo tu corazón. Te doy permiso para la descarga en ella, latiendo iracundo en la suciedad, para la puta que hay en ella y la sepultura de su herida para enterrar su pequeña roja herida viva para la pálida bengala titubeante bajo sus costillas, para el marinero ebrio que espera en su pulso izquierdo, para su rodilla de madre, para las medias, para las ligas, para la llamada. La curiosa llamada cuando te cobijes entre sus brazos y pechos y tires de la cinta naranja en su pelo y contestes a la llamada, la rara llamada. Ella es tan desnuda y singular. Ella es la suma de ti mismo y de tu sueño. Escálala como un monumento, paso a paso. Ella es sólida. En cuanto a mí, yo soy una acuarela. Lavable.
She is all there. She was melted carefully down for you and cast up from your childhood, cast up from your one hundred favorite aggies. She has always been there, my darling. She is, in fact, exquisite. Fireworks in the dull middle of February and as real as a cast-iron pot. Let's face it, I have been momentary. vA luxury. A bright red sloop in the harbor. My hair rising like smoke from the car window. Littleneck clams out of season. She is more than that. She is your have to have, has grown you your practical your tropical growth. This is not an experiment. She is all harmony. She sees to oars and oarlocks for the dinghy, has placed wild flowers at the window at breakfast, sat by the potter's wheel at midday, set forth three children under the moon, three cherubs drawn by Michelangelo, done this with her legs spread out in the terrible months in the chapel. If you glance up, the children are there like delicate balloons resting on the ceiling. She has also carried each one down the hall after supper, their heads privately bent, two legs protesting, person to person, her face flushed with a song and their little sleep. I give you back your heart. I give you permission - for the fuse inside her, throbbing angrily in the dirt, for the bitch in her and the burying of her wound - for the burying of her small red wound alive - for the pale flickering flare under her ribs, for the drunken sailor who waits in her left pulse, for the mother's knee, for the stocking, for the garter belt, for the call - the curious call when you will burrow in arms and breasts and tug at the orange ribbon in her hair and answer the call, the curious call. She is so naked and singular She is the sum of yourself and your dream. Climb her like a monument, step after step. She is solid. As for me, I am a watercolor. I wash off.
Buenos Aires a los veintinueve días de abril del 2025
En la infancia te enseñan a no mirar directamente al sol porque te ciega. Hay cosas que funcionan parecido, hay que dejar que orbiten solas, que den calor pero nunca mirarlas de frente. Igual que con el sol me pasa con las ilusiones, no quiero que me quemen los ojos.
Daniela Noceti
. Daniela Noceti . Buenos Aires . Argentina . 1979
Buenos Aires a los veintinueve días de abril del 2025
Te deseo y no estás aquí. Me detengo en este jardín, espirando el color que tiene el pensamiento antes de ser lenguaje al aire quieto. Incluso tu nombre es un fantasma pálido y, aunque lo exhalo una y otra vez, no se queda conmigo. Esta noche te invento, te imagino, tus movimientos más claros que las palabras que te hago decir que dijiste antes.
Donde quiera que estés ahora, en mis pensamientos capturas mi atención con una mirada, permaneciendo aquí mientras la luz vespertina se disuelve en la tierra. La forma de tu boca no es la correcta, pero aún así sonríe. Te acerco a mí, a millas de distancia, inventando el amor, hasta que el ruido de las aves nocturnas interrumpe y convierte lo que había de venir, lo que era seguro, en recuerdo. Las estrellas nos filman para nadie.
I want you and you are not here. I pause in this garden, breathing the colour thought is before language into still air. Even your name is a pale ghost and, though I exhale it again and again, it will not stay with me. Tonight I make you up, imagine you, your movements clearer than the words I have you say you said before.
Wherever you are now, inside my head you fix me with a look, standing here whilst cool late light dissolves into the earth. I have got your mouth wrong, but still it smiles. I hold you closer, miles away, inventing love, until the calls of nightjars interrupt and turn what was to come, was certain, into memory. The stars are filming us for no one.
Buenos Aires a los veintisiete días de abril del 2025
escribir para curar en la carne abierta en el dolor de todos en esa muerte que mana en mí y es la de todos
escribir para ahuyentar la angustia que describe sus círculos de cóndor sobre la presa aunque en el alma no en el alma la estimación del tiempo que concluye y es arriba algo más que un silencio con ojos semiabiertos
escribir como condescendencia y como rebeldía sin elección sin pausa porque se va la luz, las fuerzas se le acaban y el ser se va de vuelo en las garras de un ave carroñera
escribir para decir el grito para arrancarlo para convertirlo para transformarlo para desmenuzarlo para eliminarlo escribir el dolor para proyectarlo para actuar sobre él con la palabra
escribir para descansar (escribir que el sol, en invierno, es hermoso) por no llorar tan dentro tan a escondidas
escribir hasta la extenuación para que se derrame el dolor contenido desde el inicio del mundo
escribir para rebelarse sin provecho a pesar de la derrota ya prevista porque no hay rebeldía que no esté justificada ni violencia que no sea, en el fondo, inocente.
escribir con derecho al llanto
escribir para curar escribir para guarecerse escribir como si cerrase los ojos para no cerrarlos para mover la mano y seguir su curso para sentirse viva AÚN para aplazar la angustia como simulación para guiar la mente y que no se desboque para controlar lo controlable
escribir como quien deja la luz encendida y duerme de pie sobre sí mismo para saldar las cuentas con el miedo
escribir para reorganizar
escribir sin hacer concesiones
escribir como quien des-espera para cauterizar para tomarle las medidas al miedo para conjurar para morder de nuevo el anzuelo de la vida para no claudicar
escribir para apuntar al blanco
escribir con palabras pequeñas palabras cotidianas palabras muy concretas palabrasojo palabras animales palabrasbocadegato ásperas por dentro y por fuera suaves como “tal vez” palabraslatigazo como “demasiado” y “tarde”
escribir para no mentir para dejar de mentir con palabras abstractas para poder decir tan sólo lo que cuenta
decir que a las once de la noche de hoy mientras la luz calienta el lado izquierdo de mi almohada y la sábana verde se desdobla en el espejo del armario estoy en mí en el lugar en que acostumbro a encontrarme en este aquí hecho de extraña duración en lo mismo repitiéndome la carne dolorida los huesos lastimados los nervios, la piel tirante, amoratada el pelo encanecido el grito sólo postergado y hoy a las once de la noche de hoy mientras la luz calienta el lado izquierdo de mi almohada
muere un niño o dos o no sé cuántos mueren y una anciana dice sus últimas palabras o no las dice y muere y es otra la que habla pero no habla, dice apenas dice y muere sin decir apenas nada y algo se me atraganta tal vez un alarido largo como las once horas de esta noche o tal vez la conciencia que duerme encendida como una lumbre la conciencia de todos los que mueren como una fogata un espantoso incendio que prende en las ventanas de la ciudad y en el mar no se apaga una conciencia absurda una antorchahorizonte la conciencia de todos los que saben que se están acabando en sus huesos de antorcha hoy, mañana, siempre
escribir todas las muertes son mi muerte mi grito es el de todos y no hay consentimiento escribir
¿para consentir? ¡escribir para rebelarse! no hay lugar para plegarias no hay lugar para el sosiego el ajuste de las almas se hace en rebeldía
Estamos solas y nos pertenecemos. En nosotras está el poder Somos un pueblo de almas en rebeldía ¡Despertad! Lo que escribo aquí se traza en el aire el dolor es la senda el dolor es el medio por el dolor la fuerza que combate el dolor y lo transforma por el dolor deshago mi dolor en lo ajeno y el ajeno en el mío
escribir para des-esperar por todos los que están por todos los que fueron los desaparecidos escribir para cuidar sus des apariciones para alimentarlas para que no se enturbien no tan pronto no tan siempre pronto
escribir para desestructurar para vencer las estructuras para contra decir lo dicho para demoler
escribir para desestimar para aprender la delgadez del trazo su vacío habituarse a él a su insignificancia
escribir para insignificar
escribir inútilmente para ejercer lo inútil para abrazar lo inútil para hacer de la inutilidad un manantial
escritura como sortilegio —Volé esta madrugada más alto que ninguna otra vez
Cada noche, en la duración de un grito viene una sombra nueva
Cada noche, en la duración de un grito, un alma acude a mí. La acojo. En el grito. Ella no dura. Sólo se abre. Y hay que entrar. Suavizar. No hay que recordar. Tan sólo entrar. Respirando.
escribir luego para reforzar los frágiles puentes los conductos sutiles con temor de que se borren en el espacio leve entre lo presentido y lo sentido
escribir para desescribir para desdecir para reorganizar las consciencias y que cada una cumpla su ceguera El espacio de las almas ha de guardarse oculto En la palabra está el engaño
escribir pues para confundir para emborronar y, luego, volver a escribir en el orden que conviene el mundo que hemos aprendido
escribir como quien cuenta los pasos que da por no oír el silencio como quien cuenta pasos — uno, dos — y se salta el tercero —cuatro, cinco— para ver si se ha ido para comprobar pero no: sigue estando y ya no dejará de andar para contar los pasos hasta caer exhausto en el silencio enorme que se ensancha entre sus piernas como un charco de sangre
escribir porque el héroe se hace con el miedo sobre todo su miedo a partir de su miedo se hace héroe el héroe ahuecando el miedo y llenándolo de acción para entumecerlo haciendo tiempo en lo hermoso haciendo tiempo en lo vivo
yo no soy ningún héroe yo sólo escribo para colmar la distancia entre mi miedo y yo
escribir “Se pone un abrigo de cuero.” escribir “Un hombre joven se levanta del asiento. Se pone un abrigo de cuero. Lleva gafas oscuras. Se vuelve. Su espalda es ancha. Se dirige a la puerta. No sé qué hará mañana. No le conozco. Ha cruzado la vía. El cristal me devuelve mis ojos y esa tristeza que se mide en mis labios. El hombre joven tal vez camina hacia una casa. Tal vez sea su casa.”
escribir “En mi rostro el paisaje — atravesándolo — el paisaje.”
escribir “Tiene las uñas recortadas.” escribir “Se desprende, muy lenta, de una frase, la desliza en el cuaderno y espera. Tiene las uñas recortadas y una blusa de encaje. Lleva una bolsa de color violeta en las rodillas. Cuando respira hace juego con los versos de Sylvia Plath. Hay un desfiladero en su mirada y no termina de cruzarlo.”
escribir para confundir las palabras y que las cosas aparezcan
(Campos de limoneros cargados con sus frutos. Y cañizales separando sembrados. Y vinagreras cubriendo de oro las taludes… )
que las cosas presionen que un mundo se abra paso (Es invierno, y ya crecen el trigo y la alfalfa. Aún hay campos entre ciudades y hermosos pueblos y una anciana se sienta en un portal con un rayo de sol en su regazo. La tierra arada humea bajo el sol y los olivos jóvenes tensan sus cuerpos retorcidos hacia el cielo. Creciendo. Crecer es ascender. Crecer es ensancharse. Crecer es romper límites. Crecer es invadir…)
que estallen los cristales de mis manos que abran ojos en las letras
(Hileras de olivos. Sus sombras paralelas…)
escribir para rastrear
escribir para perdonar para ser perdonado
¿dónde hallaré al sacerdote, al mediador, aquel que tenga conocimiento de los límites y el poder de traspasarlos? ¿dónde hallaré a aquel capaz de arder sin consumirse y, entre los muertos y los vivos, ecualizar transformar, ¡bendecir!?
escribir para hallar la paz después de haber hablado con los muertos
escribir para sellar la paz para conciliar en mí para perdonar en mí
escribir la culpa misma que golpea y se licúa en el pecho y surte y es agua que mana con fuerza y que nos une agua que forma remolino de amor irradiando
todas las culpas son el mismo sufrimiento el de existir queriendo queriendo serlo todo queriéndolo todo y todo está en mis manos en esta encrucijada donde permanecemos el tiempo suficiente para sufrirlo todo
en mi interior barrunto el gran estruendo: todo el dolor del mundo me pesa entre los muslos
abrid los ojos: ¡ved! es tan terrible vivir ¡quien sobrevive saluda! morituri somos todos
toda la historia de tu estirpe está presente y te reclama como crisol eres la mediadora operas en ti misma el milagro de la conciliación
y de repente soportas el peso del mundo y su dolor lo bebes todo entero. Agradecida.
escribir porque crujen las rodillas y hay como un sueño esperando ser soñado justo detrás del dolor.
— Hoy observé las gaviotas. He de volar muy alto esta noche. He de volar sin lastre. Hasta que amanezca.—
escribir “otoño” para recordar cómo uníamos castañas con palillos de dientes y surgían princesas y perros y dragones y mi madre era hermosa y ¿quién sabe? tal vez fue feliz, también ella, ese día.
escribir para arquear el espinazo de las letras a imagen del dolor para trazar las líneas de la vida líneas que se encogen líneas retráctiles como nervios apresados en la carne como venas quebradizas venenos infiltrados en las arterias, líneas que merodean en torno al corazón calado por la angustia y el cansancio líneas como cables tendidos entre una vida y otra menos vida líneas ultracortas líneas entrecortadas líneas respiradero líneas túnel para desembocar en el horizonte recuperar allí las fuerzas del principio pero líneas quebradas presionadas oprimidas, líneas de vuelta atrás combadas sobre el tiempo que queda el tiempo que nos queda termitero o volcán vaciado por los seres (los insectos, la lava) que operan desde dentro
líneas de retroceso ¡si fuesen sólo al sueño! pero no: más abajo.
escribir como quien muerde un rayo con los brazos en cruz
escribir que sus pulmones se cerraron como las alas de una mariposa. Dejó un rastro de polvo azul en los dedos de quienes fueron a tocarla
escribir como aquel que se fuga de un hospital y arrastra tras de sí las sondas, el goteo, la máscara de oxígeno y corre sobre agujas envenenadas
¡Despertad! ¡nadie podrá evitarlo! sólo es cuestión de tiempo contad los gritos que dais en el fondo del agua ¡Contad los gritos!
cada cual con su dolor a solas el mismo dolor de todos
— Alguien disimula. Sonríe, devuelvo la sonrisa. Sé que para él ya oscureció. También él lo sabe. Pero se esfuerza. Todos nos esforzamos. Gritar es esforzarse. Gritar es rebelarse.
escribir porque alguien olvidó gritar y hay un espacio en blanco ahora, que lo habita
escribir porque es la forma más veloz que tengo de moverme
escribir ¿y no hacer literatura?
¡y qué más da!
hay demasiado dolor en el pozo de este cuerpo para que me resulte importante una cuestión de este tipo. Escribo para que el agua envenenada pueda beberse.