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extramuros

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Buenos Aires a los  veintiséis días   de noviembre del 2016

Tu cuerpo es un hermoso fragmento
de no se qué grandeza rota.
El cesto de frutas de tu vida
se renueva por sí solo todos los días.
En tu boca destrozada habla la tristeza del martes
y en tus dedos minuciosos arden páginas de luz.
Le abultas al mundo como una planta excesiva
y dejas magnitudes de olor por donde nadie pasa.
Has oxidado el aire con tu cansancio,
has enterrado todos los clarinetes,
tienes senos destruidos como la antigüedad
y muslos de cosecha que le pesan al día.
Busco en tu alma un tabaco de infancia,
busco en tu sexo un mar desalentado,
y comprendo que los muertos, realquilando tu casa,
hacen un poco más alegre
el destrozo del amor y abandono azul de la cocina


Francisco Umbral



. Francisco  Umbral.  Madrid . 1932 . 2007
...Imagen .  Julio  Oliva



https://www.facebook.com/malena.ezcurra.92


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con (sumirse) los sentidos

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Naturalmente, Leticia/Lutecia era pirómana. De pronto quemaba un incunable, una moldura robada en la capilla gótica y desguazada de sus abuelos, una silla de cocina. Preparaba el fuego minuciosamente, con alcohol, trapos, papeles, como si fuese a curar a alguien de algo, y luego se sentaba a ver el recital de las llamas, la cantata del objeto incendiado, a desentrañar con sus ojos claros y tristes el parentesco, nunca aclarado por nadie, pero siempre intuido en la humanidad, entre el fuego y la música.
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Asimismo, Leticia/Lutecia era acuómana o acuófila o algo así –habría que inventar una palabra, pero ahora no tengo tiempo–, de modo que, cuando el espectáculo del fuego estaba asegurado, abría grifos, o picaba minuciosamente una cañería, con su limita de uñas, hasta tener un órgano o un xilofón de chorros zigzagueando despacio, con caligrafía cursiva y concienzuda, el fuego marca a fuego los papeles y la paredes donde deja su confidencia de humo, pero el agua atropella una escritura urgente que en seguida gotea y se cae como si todo lo escrito fuese mentira.
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Frente a estas dos escrituras contrapuestas y eternas, que vienen explicando el universo desde que existe, se sentaba Leticia/Lutecia con sus piernas muy abiertas bajo su falda leve, que era una translúcida sucesión de faldas. El secreto del mundo, efectivamente, no lo sabremos nunca porque el fuego dice una cosa y el agua dice otra, y ambas escrituras se contraponen, se desmienten, se anulan una a la otra, y mientras el agua nos dice que el sentido del mundo es transcurrir, el fuego nos explica que el sentido del mundo es consumirse en sí mismo, estáticamente.


Francisco Umbral




.  Francisco Umbral . Madrid.   España.  1932. 2007


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