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le silence et le soie



Es de esas mujeres de silencio placentero porque sus palabras dicen lo necesario. Aunque el viento le ha dado algunos sablazos, su piel mantiene la misma seda cubriéndole el cuerpo.
Es de esas mujeres que desnudan cabezas y sonríen para negarlo, pero en el fondo saben que sólo ellas son capaces. Te mira fijo, quita el cabello de su frente, sonríe un poco y, de repente, el sombrero sale volando a diez metros de tu cabeza. Se antoja molestarse, renegar, reclamarle porque hay sombreros de ala ancha que, una vez volando, hay que considerarlos perdidos. Pero no se puede, ella no es una mujer con la que sea fácil enojarse, a ella no se le puede recriminar. Entonces te levantas, vas por el sombrero, te lo pones y te sientas a esperar que lo próximo que salga volando sea tu camisa.


Jorge  Amaral


Jorge Amaral . Morelia. Ciudad de México . 1980


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quema esas cartas V

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  Carta de Juan Rulfo a Clara Aparicio



Desde que te conozco, hay un eco en cada rama que repite tu nombre; en las ramas altas, lejanas; en las ramas que están junto a nosotros, se oye.
Se oye como si despertáramos de un sueño en el alba.
Se respira en las hojas, se mueve como se mueven las gotas del agua.
Clara: corazón, rosa, amor. Junto a tu nombre el dolor es una cosa extraña.
Es una cosa que nos mira y se va, como se va la sangre de una herida; como se va la muerte de la vida.
Y la vida se llena con tu nombre: Clara, claridad esclarecida.
Yo pondría mi corazón entre tus manos sin que él se rebelara.
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No tendría ni así de miedo, porque sabría quién lo tomaba.
Y un corazón que sabe y que presiente cuál es la mano amiga, manejada por otro corazón, no teme nada.
¿Y qué mejor amparo tendría él, que esas tus manos, Clara?
He aprendido a decir tu nombre mientras duermo. Lo he aprendido a decir entre la noche iluminada.
Lo han aprendido ya el árbol y la tarde y el viento lo ha llevado hasta los montes y lo ha puesto en las espigas de los trigales. Y lo murmura el río.
Clara hoy he sembrado un hueso de durazno en tu nombre.





. Juan Rulfo . San Gabriel . México .1917 . Ciudad de México . México . 1986
..... Imagen . Linda Vachon


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disolution

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Dos puntos que se atraen, no tienen por qué elegir forzosamente la recta. Claro que es el procedimiento más corto. Pero hay quienes prefieren el infinito.
Las gentes caen unas en brazos de otras sin detallar la aventura. Cuando mucho, avanzan en zigzag. Pero una vez en la meta corrigen la desviación y se acoplan. Tan brusco amor es un choque, y los que así se afrontaron son devueltos al punto de partida por un efecto de culata. Demasiado proyectiles, su camino al revés los incrusta de nuevo, en un cartucho sin pólvora.
De vez en cuando, una pareja se aparta de esta regla invariable. Su propósito es francamente lineal, y no carece de rectitud. Misteriosamente, optan por el laberinto.
No pueden vivir separados. Esta es su única certeza, y van a perderla buscándose. Cuando uno de ellos comete un error y provoca el encuentro, el otro finge no darse cuenta y pasa sin saludar.


Juan José Arreola
 
 

.  Juan José Arreola .  Ciudad Guzmán . México. 1918 . Guadalajara.  México . 2001

 

 

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