La que anda por el patio y barre, da agua a las gallinas, maíz, y tiende ropa a secar, limpia. La que hace frascos de colores y tapa la miel, el higo, la cereza, y empieza a esperar, esperar el momento del ruido del tiempo: el secado, lo engordado, la pulpa que macera hilos agrios, jugos sórdidos, untuosos, sabe del tiempo, de lo imprevisto que llega y seca, da colores, mata. La que va por su sombra, anda por el patio, espera sin miedo ni apuro ni renuncia: ella anda y barre, sonámbula, doméstica.
Jorge García Sabal
. Jorge García Sabal . Prov. de Buenos Aires. Argentina . 1948-Buenos Aires . Argentina .1996 ... Imagen . Jacques- Henri Lartigue
Me gustaría poder decirte: Ven cuando quieras, te estaré esperando. Los barcos son así son así los muelles y los viajeros. Te lo juro me gustaría poder decirte: La nave que emprendimos nos estará esperando los días pasados son como si no hubieran pasado nunca las calles recorridas están en el mismo lugar las plazas las fuentes los árboles cosas de la imaginación cosas de la evocación cosas de la nostalgia. Me gustaría poder decirte: Esta mañana llueve, te estaré esperando como si nada hubiera pasado nunca como si Pinochet no hubiera asaltado la Casa de la Moneda como si te hubieras ido hace solo media hora a comprar tabaco. Me gustaría poder decirte: La vida está muy cara pero los atardeceres siguen siendo rosa hay niñas que quisieran ser palomas pero deben ir al colegio palomas que tienen tu gracia al despertar tu gracia dormida que es una gracia que no conocen más que los que te vieron dormida una noche de verano durante seis años como yo. Pero seguramente el hecho de haberte visto dormida todas las noches de seis años justamente me impide decirte: Ven cuando quieras, te estaré esperando y seguramente haberte visto dormida todas las noches de seis años te impide volver al banco vacío a la casa abandonada al barco hundido. Aunque sepas oscuramente en las noches de invierno y de verano que te estaré esperando como si todas las cosas del mundo ya nos hubieran pasado para siempre.
Moscú, iremos a Moscú, cuando ya no importemos a nadie y los años hayan pasado en vano. Allí reencontraremos el amor fundido, todo eso que nos decíamos ayer Y que, sí, hoy hemos olvidado. Ahora intentaremos enloquecer lo mínimo posible, llorar únicamente cuando haga falta, cargar poco peso, maquillar el infierno con gracia, mentir con buena cara, incluso. Hablaremos del pasado y los días, creeremos que el futuro es mañana. Será Moscú, y estaremos muertos.
Andreu Gomila
. Andreu Gomila . Palma de Mallorca . España . 1977
El matrimonio no es una casa, ni siquiera una tienda de campaña
es menos que eso, y más frío:
la orilla de un bosque, el confín de un desierto las escaleras sin pintar en el patio trasero, donde nos acuclillamos afuera, comiendo palomitas de maíz
la base del glaciar en retroceso
donde dolorosamente y con asombro por haber sobrevivido incluso después de tanto
estamos aprendiendo a hacer el fuego.
Margaret Atwood
. Margaret Atwood . Ottawa . Canadá . 1939 Versión Marisol Bohórquez Godoy ... Imagen . Delfi Carmona
Después del ala tensa y el descenso, del sueño en re y el despertar dolido, de la rosa de plata y la hoja seca, de las voces azules y del grito, con los ojos espléndidos quebrados y las horas repletas ya vacías y los pobres pies mudos desgarrados, qué en la luz con las manos heridas.
Idea Vilariño
.. Idea Vilariño . Montevideo . Uruguay . 1920 . 2009 .... Imagen . Francesco Sambati
Servía para la química, para la química pura. Pero preferí ser un vagabundo. Vi el amor de mi madre en las tempestades del planeta. Vi ojos sin cuerpo, ojos ingrávidos orbitando alrededor de mi lecho. Decían que no estaba bien de la cabeza. Tomé trenes y barcos, recorrí la tierra de los justos en la hora más temprana y con la gente más humilde: gitanos y feriantes. Me despertaba temprano o no dormía. En la hora en que la niebla aún no ha despejado y los fantasmas guardianes del sueño avisan inútilmente. Oí los avisos y las alertas pero no supe descifrarlos. No iban dirigidos a mí sino a los que dormían, pero no supe descifrarlos. Palabras ininteligibles, gruñidos, gritos de dolor, lenguas extranjeras oí adonde quiera que fuese. Ejercí los oficios más bajos. Recorrí la Argentina y toda Europa en la hora en que todos duermen y los fantasmas guardianes del sueño aparecen. Pero guardaban el sueño de los otros y no supe descifrar sus mensajes urgentes. Fragmentos tal vez sí, y por eso visité los manicomios y las cárceles. Fragmentos, sílabas quemantes. No creí en la posteridad, aunque a veces creí en la Quimera. Servía para la química, para la química pura.
Roberto Bolaño
. Roberto Bolaño . Santiago . Chile . 1953 . Barcelona . España . 2003 . Fotograma. Wong Kar-Wai . In the Mood for Love . 2000
Debe haber un poema que hable de ti, un poema que habite algún espacio donde pueda hablarte sin cerrar los ojos, sin llegar necesariamente a la tristeza. Debe haber un poema que hable de ti y de mí. Un poema intenso como el mar, azul y reposado en las mañanas, oscuro y erizado por las noches irrespetuoso en el orden de las cosas, como el mar que cobija a los peces y cobija también a las estrellas. Deseo para ti el sencillo equilibrio del mar, su profundidad y su silencio, su inmensidad y su belleza. Para ti un poema transparente, sin palabras difíciles que no puedas entender, un poema silencioso que recuerdes sin esfuerzo y sea tierno y frágil como la flor que no me atreví a enredar alguna vez en tu cabello. Pero qué difícil es la flor si apenas la separamos del tallo dura apenas unas horas, qué difícil es el mar si apenas le tocamos se marcha lentamente y vuelve al rato con inesperada furia. No, no quiero eso para ti. Quiero un poema que golpee tu almohada en horas de la noche, un poema donde pueda hallarte dormida, sin memoria, sin pasado posible que te altere. Desde que te conozco voy en busca de ese poema, ya es de noche. Los relojes se detienen cansados en su marcha, la música se suspende en un hilo donde cuelga tristemente tu recuerdo. Ahora pienso en ti y pienso que después de todo conocerte no ha sido tan difícil como escribir este poema.
La primera estrella traspasa la ventana y descansa del viaje en el centro de mesa. Jarra fresquita olorosa a primavera, ropero de la pieza de al lado, un traje persiste en el olor de la muerta, silla que mira al campo. Campo. Colonias de malvones golpean a las puertas. Si Virgilio viviera diría lo rosadas que parecen esas nubes. El alma ya pronta a la muerte por sueño. Te llevaré la mañana temprano en un vaso de agua.
Arnaldo Calveyra
. Arnaldo Calveyra . Entre Ríos . 1929 . Argentina . París Francia . 2015 .... Imagen . Maya Beano
Me gusta cuando hablas porque estás bien presente
me gusta cuando dices pan y lo huelo
y cuando hablas de los hijos y los veo
y cuando dices tango, país, tierra, mar y memoria
porque todo entonces tiene la forma que yo quiero.
Me gusta cuando nombras las cosas de la mesa
cuando haces inventario de lo que crece entre la hierba
cuando mirando al cielo pronosticas la lluvia
de estrellas o recuerdos o del agua antigua.
Con tus palabras inauguras el mundo que yo quiero.
Y me gusta tu voz porque sé que un día fue silencio
que cuidó los nombres de las calles, de los ríos,
de las plazas, de las aves y de los compañeros
a salvo en tu tierno vigor de compañera.
Tu voz cuidó la palabra amor y es nuestra herencia.
Me gusta cuando hablas en la calle y en la barricada
cuando envuelves la justicia con tu mejor tono
y me gusta tu susurro en medio de la noche
porque nombras la vida uniéndose a los sueños.
Me gusta cuando hablas porque estás bien presente
Y al regalo de tu voz respondo ¡Gracias, Compañera!
Luis Sepúlveda
. Luis Sepúlveda . Ovalle. Chile . 1949 . Oviedo . España . 2020
... Imagen . Antonio Ysursa
Quiero que venga la lluvia
que nadie escuche los ruidos que hago.
Ahora mi cabeza es una pobre semilla
en el centro de un mortero; ahora el corazón
me da vueltas por toda la pieza
y en las avenidas, sobre cada mirada, mueve su cola
al ritmo de una fiesta amarga.
La lluvia tiene que caer, inconsolable,
tiene que darme su dolor lento o
quitarme la torpeza del corazón.
Debería estar lloviendo en toda la ciudad
y que nadie me escuche.
Irene Gruss
. Irene Gruss . Ciudad de Buenos Aires . Argentina . 1950. 2018
. .. Imagen . Laura Makabresku
Buenos Aires a los veintidós días de Marzo del 2020
Los ponientes y las generaciones.
Los días y ninguno fue el primero.
La frescura del agua en la garganta
de Adán. El ordenado Paraíso.
El ojo descifrando la tiniebla.
El amor de los lobos en el alba.
La palabra. El hexámetro. El espejo.
La Torre de Babel y la soberbia.
La luna que miraban los caldeos.
Las arenas innúmeras del Ganges.
Chuang-Tzu y la mariposa que lo sueña.
Las manzanas de oro de las islas.
Los pasos del errante laberinto.
El infinito lienzo de Penélope.
El tiempo circular de los estoicos.
La moneda en la boca del que ha muerto.
El peso de la espada en la balanza.
Cada gota de agua en la clepsidra.
Las águilas, los fastos, las legiones.
César en la mañana de Farsalia.
La sombra de las cruces en la tierra.
El ajedrez y el álgebra del persa.
Los rastros de las largas migraciones.
La conquista de reinos por la espada.
La brújula incesante. El mar abierto.
El eco del reloj en la memoria.
El rey ajusticiado por el hacha.
El polvo incalculable que fue ejércitos.
La voz del ruiseñor en Dinamarca.
La escrupulosa línea del calígrafo.
El rostro del suicida en el espejo.
El naipe del tahúr. El oro ávido.
Las formas de la nube en el desierto.
Cada arabesco del calidoscopio.
Cada remordimiento y cada lágrima.
Se precisaron todas esas cosas
para que nuestras manos se encontraran.
palabra de Borges
. Jorge Luis Borges . Buenos Aires . Argentina . 1899 . Ginebra . Suiza . 1986
... fotograma de L'Amour l'après-midi . Eric Rohmer . 1972
Tengo esta noche las manos negras, el corazón sudado
como después de luchar hasta el olvido con los ciempiés del humo.
Todo ha quedado allá, las botellas, el barco,
no sé si me querían, y si esperaban verme.
En el diario tirado sobre la cama dice encuentros diplomáticos,
una sangría exploratoria lo batió alegremente en cuatro sets.
Un bosque altísimo rodea esta casa en el centro de la ciudad,
yo sé, siento que un ciego está muriéndose en las cercanías.
Mi mujer sube y baja una pequeña escalera
como un capitán de navío que desconfía de las estrellas.
Hay una taza de leche, papeles, las once de la noche.
Afuera parece como si multitudes de caballos se acercaran
a la ventana que tengo a mi espalda.
Julio Cortázar
. . Julio Cortázar. Bruselas . Bélgica 1914 . París . Francia . 1984
... Imagen . Josef Sudek
Vivíamos en un departamento de dos ambientes con una cocina luminosa que daba al pulmón de un edificio modesto pero sofisticado, esas construcciones de los 50, de no más de tres pisos sin ascensor, fresca en verano, helada cuando llegaba el otoño. Nuestra casa tenía un baño revestido de mosaicos negros, junturas verde pálido y grifería que alguna vez fue importante pero que envejeció con la premura con que uno pasa las páginas de una revista de moda de temporadas anteriores. El departamento tenía un balcón inutilizable porque con solo abrir la puertaventana se caían a pedazos las molduras del frente. Además mi madre odiaba el hollín que llegaba desde la avenida a dos cuadras y también odiaba el ruido que venía desde más lejos, como del centro de los autos y de la circunvalación de los camiones, y temía a los pájaros que anidaban en los fresnos que daban su verde a nuestras dos ventanas. Una vez la vi refugiarse en mi cuarto por un pichón de calandria todavía sin plumas que la madre pájara habría arrojado del nido por imperfecto y agonizaba en el borde de nuestro balcón. Con un palito terminé de expulsarlo para que mi madre saliera de la madriguera y el pequeño monstruo terminara sus jadeos directamente en la calle.
Durante un rato lo miré para tratar de ver en qué momento terminaba de cuajar esa gelatina, en qué segundo terminaba el estertor. No tenía plumas y tenía los párpados sellados pero había sido desairado por su madre y temido por la mía: ya se podía morir.
Los barcos derramaron toneladas de pétroleo en las
tazas de café con leche y murieron los huérfanos de todos
los jardines de la ternura .
Las ratas no encontraron el camino de regreso a sus
cuevas y abandonaron involuntariamente a sus crías.
Los jueces , convencidos más que nunca del valor de la
ley, condenaron sin piedad a los delincuentes .
Yo entré en un hospicio creyendo que era mi hogar y
bailé con tanta emoción que me dieron el primer premio
en el festival olímpico de la demencia.
Y estas son sólo algunas de las innumerables catástrofes
que sucedieron el día que te fuiste.
José Sbarra
. José Sbarra . Buenos Aires . Argentina . 1950 . 1996
.... Imagen . Laura Makabresku
tantas veces he visto este escenario, amada
la lluvia en la ventana
tantas veces te he dicho
que te acerques a mí o a la llovizna
tantas veces he
jugueteado
con estos pensamientos
que temo seriamente no poder
salir nunca de esta habitación
sin pausa hemos de ver
la misma lluvia, palabra por palabra
en nuestra mente
no miramos sino con las palabras
legítimos conjuros
y estamos hechos mentalmente de magia
y con la magia pobre que invocamos
hacemos nuestros mundos
así como los hacen ciertos dioses
a nuestra semejanza
mucho me temo, amada, que todo
en este cuarto: las paredes desnudas
la vieja lámpara al costado del lecho
nosotros mismos
conformamos tan solo un pensamiento
un símbolo en el sueño de algún otro
al que nos parecemos vagamente
no tengo más recuerdos verdaderos
que esta escena
en que te observo hermosa
hija de la noche y de la lluvia
y se escuchan las gotas sobre el pueblo
como si hablaran de países extraños
pero nunca abrimos la ventana, amada
todo lo observamos detrás de los cristales
y entendemos poco de la lluvia
acaso por esta vida un tanto triste
sea tan hermosa la llovizna
así como tú lo eres, pero eterna
ven a mirarla, amada, a la ventana
reconoce tus ojos en la lluvia
dime qué sucede fuera de este cuarto
sobre quiénes te arrojas
cómo viven
si saben de los mundos tras los ventanales
qué inhumana es la lluvia
y qué hermosa eres, amada
cuando miras con ojos primitivos
como si lo real te inundara de pronto
y esta fuera la única vez que nos salvamos
y por vez única pudiéramos salir