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shakespeare

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Buenos Aires a los tantos días de diciembre del 2021

 

Esa mujer semidesnuda aguarda
a un hombre que tal vez vendrá esta noche.
Veo su pelo y en su pelo un broche
de plata isabelina. El hombre tarda.

La mujer es inglesa pero tiene
ojos y largo pelo de española.
Es hermosa, es ardiente y está sola.
No dormirá esta noche si él no viene.

Hay un gato, tal vez... No sé más nada
de esta dama morena y de su impuro
insomnio de mujer que espera a un hombre.

Solo sé que está en Londres, que en su almohada
arde su pelo como un fuego oscuro
y que Shakespeare jamás dijo su nombre. 


Abelardo Castillo



. Abelardo Castillo .  Buenos Aires . Argentina . 1935 . 2017 
....    Imagen . Marat Safin 


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el vuelo de pájaros

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Buenos Aires a los tantos días de julio del 2020

Escucha cómo cae la lluvia,
como si no hubiera amor ahí
ni luz, nada más líquido, más sonoro,
como si sólo eso quedara,
sin amor sin tiempo
sólo mi mano que cierra casi todo,
tus párpados como a un muerto,
y de a una cada mano tuya, agua en los párpados,
yéndose de cada mano
como se va de una piedra o de un bosque,
sin apuro cae,
sin malicia, inunda lo que no debería,
escucha cómo cae
solamente,
como si nadie viviera ni me tocara ahora
o nunca me tocara
salvo lluvia
como si la fornicación fuese congoja pura,
un pájaro lúgubre,
escucha, escucha cómo cae
mi cabeza en el magma de tu axila,
sin amor, sin tiempo,
disonancia,
como si esto o lo otro
o lo de más allá
acabara siendo lluvia,
algo de placidez
o de borrasca,
como un náufrago que espera no la isla
sino la nada, como si no hubiera tiempo, amor,
y un pájaro lúgubre gritara la desesperación del mundo
lluvia sobre un techo de zinc,
y fuera eso,
lluvia que cae sobre un techo de zinc,
el mundo sin necesidad,
como un pájaro que pierde el vuelo y cae
extenuado, apenado de sí mismo,
sostuvo el cielo allá arriba
entre las alas, y ahora, no pienses,
escucha,
no, así no, por qué así,
escucha cómo cae la lluvia.



Abelardo Castillo



. Abelardo Castillo .  Buenos Aires . Argentina . 1935 . 2017
... Imagen . Antonio Ysursa








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relato

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Buenos Aires a los   veintiocho días de  noviembre del 2018


¿Sabe cómo la conocí? Ni usted ni nadie puede imagi­narse cómo la conocí. Haciendo pis contra un árbol. Yo era el que hacía pis, naturalmente. Medio borracho y contra un plátano de la calle Virrey Meló. Era de madrugada y ella volvía de alguna parte, qué curioso, nunca le pregunté de dónde. Una vez estuve a punto de hacerlo, la última vez, pero me dio miedo. La madrugada del árbol ella llegó sin que yo la oyera caminar, después me di cuenta de que venía descalza, con las sandalias en la mano; pasó a mi lado y, sin mirarme, dijo que el pis es malísimo para las plantitas. En el apuro me mojé todo y, cuando ella entró en su casa, yo, meado y tembloroso, supe que esa mujer era mi maldición y el amor de mi vida. Todo lo que nos va a pasar con una mujer se sabe siempre en el primer minuto. Sin embargo es increíble de qué modo se enca­denan las cosas, de qué modo un hombre puede empezar por expli­carle a una muchacha que un plátano difícilmente puede ser consi­derado una plantita, ella simular que no recuerda nada del asunto, decimos señor con alegre ferocidad, como para marcar a fuego la distancia, decir que está apurada o que debe rendir materias, acep­tar finalmente un café que dura horas mientras uno se toma cinco ginebras y le cuenta su vida y lo que espera de la vida, pasar de allí, por un laberinto de veredas nocturnas, negativas, hojas doradas, consentimientos y largas escaleras, a meterla por fin en una cama o a ser arrastrado a esa cama por ella, que habrá llegado hasta ahí por otro laberinto personal hecho de otras calles y otros recuer­dos, oír que uno es hermoso, y hasta creerlo, decir que ella es todas las mujeres, odiarla, matarla en sueños y verla renacer intac­ta y descalza entrando en nuestra casa con una abominable maceta de azaleas o comiendo una pastafrola del tamaño de una rueda de carro, para terminar un día diciéndole con odio casi verdadero, con indiferencia casi verdadera, que uno está harto de tanta estupidez y de tanta felicidad de opereta, tratándola de tan puta como cualquier otra. Hasta que una noche cerré con toda mi alma la puerta de su departamento de la calle Meló, y oí, pero como si lo oyera por primera vez, un ruido familiar: la reproducción de Carlos el Hechizado que se había venido abajo, se da cuenta, una mujer a la que le gustaba Carlos el Hechizado. Me quedé un momento del otro lado de la puerta, esperando. No pasó nada. Ella esa vez no volvía a poner el cuadro en su sitio: ni siquiera pude imaginármela, más tarde, ordenando las cosas, silbando su czarda inexistente, la que le borraba del corazón cualquier tristeza. Y supe que yo no iba a volver nunca a esa casa. Después, en mi propio departamento, cuando metí una muda de ropa y las cosas de afeitar en un bolso de mano, también sabía, desde hacía horas, que ella tampoco iba a lla­marme ni a volver.


Abelardo Castillo (fragmento )
Carpe Diem uno de los once cuentos de la Maquinaria de la Noche.



. Abelardo Castillo . Ciudad de Buenos Aires . Argentina . 1935 . 2017
... Imagen . Antonio Merini






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