Buenos Aires a los veintinueve días de julio del 2017
Flotaba una flor de tilo
en un pensamiento abstracto
el desierto se habia llenado de leones
y de plantas.
Un metal fresco y transparente
tenue como una afilada lámina
cortaba los horizontes corbados y lentamente
separaba la mirada del ojo,
la palabra de la idea,
el rayo de la estrella
mientras flotaba una flor de tilo
en un pensamiento abstracto.
Buenos Aires a los veintisiete días de mayo del 2017
Poco a poco, ella se hacía palabra,
copo de alma en el viento,
delfín en las garras de mis cejas
una piedra levantando anillos en el agua
una estrella en mi rodilla
un cielo en mi hombro,
yo mismo dentro de mí mismo.
Ha llegado el otoño, por favor,
cúbreme el corazón con alguna cosa,
con la sombra de un árbol, o mejor con la tuya.
A veces tengo miedo de no verte más,
que alas afiladas hasta al cielo me van a crecer,
que tú misma vas a esconderte en un ojo ajeno
y que va a cerrarse con una hoja de ajenjo.
Y entonces me acerco de piedras y me callo,
llevo todas las palabras y las ahogo en el mar,
silbo la luna, la levanto yo mismo y la convierto
en un gran amor.
Buenos Aires a los veintinueve días de enero del 2017
Se besan, ¡ah!, se besan y se besan
los jóvenes en las calles, en los bares,
contra los muros,
se besan sin sosiego como si ellos mismos
no fuesen sino los extremos del beso.
Se besan, ¡ ah!, entre los autos que pasan,
en las estaciones del metro, en los cines,
en los buses, se besan desesperados,
con violencia como si la continuación
del beso
no fuera sino la vejez proscrita y la muerte.
Se besan, ¡ ah!, se besan los jóvenes esbeltos
y enamorados. Tan delgados que parece que
ignoraran la existencia del pan en la Tierra.
Tan enamorados,
como si ignoraran la existencia misma del mundo.
Se besan, ¡ah!, se besan como si estuvieran en lo obscuro,
en la más segura obscuridad,
como si nadie los viera, como si el sol fuera a iluminar
recién cuando las bocas, rotas a besos y sangrantes,
no pudieran besarse sino con los dientes.
Buenos Aires a los veintiocho días de enero del 2017
Era linda como la sombra de una idea —
sus espaldas olían como la piel de una niña,
a piedra apenas rota,
a grito en una lengua muerta.
No pesaba era como la respiración.
Riendo y llorando a lágrima viva
era salada como la sal
que los bárbaros sirven en sus festines.
Era hermosa como la sombra de un pensamiento.
En todas las aguas solamente ella la tierra.
Buenos Aires a los diecisiete días de enero del 2017
Conozco todos tus tiempos, todos tus movimientos, todos tus olores
y tu sombra, y tu silencio, y tu pecho
su vibración y el color que tienen...
y tu forma de andar, y tu melancolía, y tus cejas
y tu labio, y tu anillo y el segundo
y ya no tengo paciencia y pongo mi rodilla encima de las piedras
y te pido por favor,
¡náceme !
Conozco todo lo que está más allá de ti,
tan lejos, que ya no existe cercanía-
después de la tarde, más allá del horizonte, en el otro lado del mar
y todo lo que está más allá de ellos,
tan lejos que ni siquiera tiene nombre.
Por eso doblo mi rodilla y la pongo
encima de las rodillas de las piedras que la siguen,
y te pido por favor
¡náceme !
Conozco todo lo que tú nunca sabes de ti.
El latido de tu corazón, él que va a seguir al que tú escuchas ahora
el final de la palabra cuya primera sílaba acabas de decir
los árboles –sombras de madera de tus venas,
los ríos –sombras movedizas de tu sangre,
y las piedras, las piedras –sombras de piedra de mi rodilla
que pongo a tus pies y te pido por favor,
¡náceme, náceme!