a un paso de la caída

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Buenos Aires  a los cuatro días  de  diciembre del 2016



 Siempre tengo en mis labios, ese sabor a aurora,
 y en mis ojos que envejecen buscándote,
persistes en forma de danza fugitiva.

Themis   Speroni 
Escapado de mi hacia lo otro
Voy hacia vos con el cuerpo confundido
Con un caballo de sombras
Voy al borde de todos los caminos
Todo paso es un paso en falso
Estoy en el paso del gualicho
Donde se estorban los sentidos
Se enturbia uno
Confunde ombligo de dios
Con aromas de tu boca
Detenido ante la cruz
Que rayaste contra el piso
Voy preso de este animal hacia lo hondo
Va espantado de sí mismo
Pisoteándome la cara
Tengo quebrado el tobillo de la cara
Gualicho es tu perfume
Tu aroma me hace chico
Que tira piedras a la noche
Estoy bailando con un hueso de nube en cada mano
Y vos sos dulce como un aire de tomillos
Estoy quebrado existo debajo del deseo
Y a causa de esa boca

Sangra luz mi boca oscurecida.



Jorge Spíndola




. Jorge Spíndola . Comodoro Rivadavia. 1961
... Imagen . Monia Merlo





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mousike XCVII ( zenet )

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Buenos  Aires  a  los treinta    días del mes de noviembre del 2016


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tan solo palabras

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Buenos Aires  a los  treinta días de noviembre del 2016 

No podrías hablar de amor
si no es contra mi boca.

ME


No podrías hablar en pájaro
No podrías hablar en viento
No podrías hablar en mar
Te faltaría
creo
l' esprit de la langue

Lo que han dicho la ola
el aire
el mirlo
no admite discusión

Tú en cambio tuerces
retuerces las palabras



Ulalume González de León



.   Ulalume González de León . Montevideo . 1932 . 2009
....  Imagen . Laura Makabresku






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a todo amor

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Buenos Aires a los treinta días de noviembre del 2016

si estuvieras acá cerca de mi mano
noviembre sería otra cosa
no tendría que googlear despegar.com
para escapar del desamparo
y creer mágicamente
que hay algo de salvación en irme

esgrimiría una esperanza
un punto de encuentro

si existieras a mi lado
a la hora de los fuegos y los rezos
para gastar las ganas
me fumaría la yerba de tus pestañas

nosotros no dejamos nada sin arder
a vida o muerte es el amor
entre dos pirómanos

igual te sigo amando
de la única manera que sé

desesperadamente



Malena Ezcurra



. Imagen . Jaśmina Stysiak




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la melancolía se pega a los cristales

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Buenos Aires a los treinta días del mes de  noviembre del 2016
mi madre se ahoga
anestesiada de encanto
le sube el agua al cuello
y no deja de colgar camalotes
con olor a cloroformo
por  las ventanas

teje ritos
ceremonia de grillos
saltando sobre tazas
con té de malasia inexistente

repite frases sin piedad
frases como ríos
que dejan sedimento
escenas de Tarkovsky
donde todo levita (sin para qué)

no sabe nada de mí
tiene terror a su niña rara
que  desata las trenzas
ante cualquiera

nunca comprendió
mi placer desmedido
por caminar descalza
y quemar hormigas
bajo los cristales.


Malena Ezcurra


. Imagen .   Katia Chausheva




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rojo atardecer

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Buenos Aires a los   veintisiete días de noviembre del 2016

A veces
una -yo- sólo quiere
que alguien –vos- venga
pase su mano por mi cuello
pose su lengua fresca
- o de fuego -
en mi boca abierta
indecentemente mojada
que erecte mis puntos cardinales
-carnales-

A veces
una sólo quiere
besar tu cintura, tocar tus nalgas
en cualquier esquina ciega.
Sentirse viva
en medio de tanta bruma.

A veces
una sólo quiere
perderse en la noche de alguien
descongelarle el frío enquistado en su pecho
levantarse la falda
gritarle muchas verdades.


Lety Elvir


.  Lety Elvir . Honduras . 1966
.... Imagen . Abril Peiretti
.......Mil gracias Rafalovich  que a través de  Meta Poesía   y a tu oficio de librero  difundís  el alma enredada de la palabra.





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el mar adentro

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Buenos Aires a los  veintisiete días de noviembre  del 2016


mientras los tuyos abren la gran noche a balazos sin ti
recuerdas determinadas gaviotas, cierta arena inconclusa,
el sur carnal, su azul como un alcohol extraño,
una informe catedral de estrellas navegando en la noche,
las dos penínsulas de su pecho en el mar de esa noche,
su amparo inolvidable, la luz de sus pezones,
sientes nostalgia, vagabundo, calla y bebe
mientras aúlla exclusivamente en tus oídos
un volumen atroz de bandoneones erectos.



Julio Huasi



. Julio Huasi . Buenos Aires . 1935 . 1987
... Fotograma  de El Secreto de  sus Ojos  .  Juan José Campanella



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autobuses con destino a ningún lado

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Buenos Aires   a los  veintisiete días de   noviembre del 2016 

Muchachitas fatales
en blancos zoquetes chinos

Indio Solari


Como un turco que viaja en la neblina
Feliz y raro como un gato
Soluciones salinas
Aromas que suelta el sexo en los moteles
Me dolías el día que te perdí.
Trenes que desaparecen,
una novela inconclusa sin adjetivos
un bolero, un saco azul, las sombras que guarda el cementerio
el periodismo a las 2 de la mañana que al fin abandoné
los culos que deseo, una vida solitaria y el cantar que me condena a una pena extraordinaria,
pobre poema con lugares comunes
y ausencia de Lennon
el de la triste figura, asesinatos, a veces besos, y la mare en coche
y tu cara de boba
y la palabra .


Reynaldo Sietecase


. Reynaldo Sietecase . Rosario . 1961
... Imagen . Emmanuel Rosario





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insondable nada

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Buenos Aires  a  los veintisiete días de  noviembre del 2016
Sí, sí, reconozco ese olor de humedad subterránea, de jardín clausurado,
ese sabor de exilio en las arenas de la boca,
el tacto de la nada.

Olga Orozco
Cada día
me levanto sin nombre,
y en la nuca
una sombra
tenaz, ajena, a filo,
me acusa desde siempre;
la culpa
total, indescifrable,
entra, me usurpa,
no sé quién soy, me oculto, huyo,
y me pierdo extranjera.
Hasta sentir,
cada noche,
una luz
fiel, entrañable, mansa,
que vuelca desde siempre
río, libélulas, sol, trébol
en mi cabeza más lejana,
y le apoya
alguna, aquella mano;
y cuando empiezo a recordarme,
un ruido sucio, espeso,
de sombra,
se interpone en la nuca
y despierto
sin nombre.



Amelia Biagioni


. Amelia Biagioni . Santa Fe . 1916 - Buenos Aires . 2000
...  Imagen . Andrea Kiss






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inhibición de bienes

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Buenos Aires a los  veintiséis días de  noviembre del 2016


Que la mujer que ames esté en su habitación con otro hombre. Que la ames. Y que ella esté haciendo el amor con otro hombre mientras vos estás en la habitación de al lado. Que llenes el espacio de música para tapar voces y sonidos que luego no podrías nunca olvidar. Que alguien golpee a tu puerta. Que al abrir la veas a ella envuelta en una toalla. Que te sonría. Que te diga si podés ir a comprar cigarrillos, para ella y para su amante. Que la mujer que ames haya ido hasta tu cuarto a pedirte que, ya que estás vestido, compres cigarrillos para ellos. Y que vayas, que la quieras tanto. Que llueva. Que corras por la calle hasta el quiosco a comprarles cigarrillos. Y que llueva mucho. Que regreses empapado con los cigarrillos. Que la llames. Que golpees a la puerta de su habitación. Que tengas que repetir su nombre. Que escuches los sonidos de algo imprevistamente recomenzado. Que escuches jadeos de placer. Que vuelvas a tu cuarto. Que pasen los minutos como siglos. Que ella, la mujer que ames envuelta en su toalla, llame nuevamente a tu puerta. Que abras y te encuentres otra vez con su sonrisa. Que tengas que sonreír. Que debas imponerle otra sonrisa a tu confusión. Que le des los cigarrillos y que ella te agradezca por haber ido con esa lluvia. Que te pregunte cómo estás. Y que le respondas que estás bien. Y que no sea cierto. Que la ames tanto. Que te suceda algo así... para que me entiendas.



José Sbarra



. José Sbarra . Buenos Aires . 1950 . 1996
.. Imagen .  Johana Linda
... Estoy dale que te dale buscando la obra completa de Sbarra solo conseguí Plástico Cruel, Marc la Sucia Rata y Aleana . Si alguien sabe dónde puedo toparme con algo más me silba.  Mil gracias.




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extramuros

 .

Buenos Aires a los  veintiséis días   de noviembre del 2016

Tu cuerpo es un hermoso fragmento
de no se qué grandeza rota.
El cesto de frutas de tu vida
se renueva por sí solo todos los días.
En tu boca destrozada habla la tristeza del martes
y en tus dedos minuciosos arden páginas de luz.
Le abultas al mundo como una planta excesiva
y dejas magnitudes de olor por donde nadie pasa.
Has oxidado el aire con tu cansancio,
has enterrado todos los clarinetes,
tienes senos destruidos como la antigüedad
y muslos de cosecha que le pesan al día.
Busco en tu alma un tabaco de infancia,
busco en tu sexo un mar desalentado,
y comprendo que los muertos, realquilando tu casa,
hacen un poco más alegre
el destrozo del amor y abandono azul de la cocina


Francisco Umbral



. Francisco  Umbral.  Madrid . 1932 . 2007
...Imagen .  Julio  Oliva



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incrustaciones esmeraldas

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Buenos Aires a los  veinticuatro  días de noviembre del 2016
El devoto paso de los animales a las aguas.
En plástica humillación, ese recorrido elude todo infierno.
Ellos están mansos en su olfato. Conocen su deseo como
nosotros las marcas de la frente
una tensión de bestias en el polvo
y las lenguas pesadas, entregadas al paisaje que aguarda.

La huérfana soy yo sin mandato que
termine con la sed
soy la que está en el fuego de la estampida.

quizás en mi monedero sostenga,
remota, un arma pequeña, de dama, adornada con
incrustaciones de nácar
un instrumento cursi para matar.


Leonor García Herrnando


. Leonor García Hernando . Tucumán . 1955 . Buenos Aires . 2001
.... Imagen . Laura Makabresku





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otra mirada CCLXVI (yuyo noé)

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 Buenos Aires a los veinticuatro días de noviembre del 2016
Descubrimiento del Amazonas  .  1984
En la  maraña . 1986
Me arruinaste el dibujo! . 2002


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un amor así tan delicado

 .
Buenos Aires a los  veintitrés días   de noviembre del 2016



1
En la era más estrambótica de la Tierra, los pterodáctilos fueron los únicos seres capaces de construir parejas absolutamente fieles.
En el caso de que muriese uno de los integrantes, el otro no formaba una nueva unión.
Si el pterodáctilo sobrevivía, dedicaba el resto de su existencia a deambular por los sitios frecuentados con su pterodáctila. Y realizaba este peregrinaje sin comer ni beber.  Sin ir en búsqueda de otra compañera.
Poco a poco iba debilitándose hasta que moría, preferiblemente en el exacto lugar en el que había caído su pterodáctila.

2
Ella lo amaba. Volar hambrientos, pero juntos, le parece una fascinante aventura. Ama su coraje. Ama la paciencia de su vuelo sobre los volcanes. Lo considera un valiente. Ella lo ama. Ama que se olvide de comer por atrapar una piedra azul. Hay otros pterodáctilos, pero ninguno tiene su estrafalaria manera de planear. Ella lo ama. Desde el día en que conoció a ese tonto pterodáctilo nunca se separó de su lado. Por eso él sabe que ella lo ama.

3
En la sinfónica turbulencia de la atmósfera, entre nubes doradas, un pterodáctilo vuela junto a su pterodáctila. Sus ojos antediluvianos son los espejos del fuego en el corazón de los volcanes. Vuelan juntos. Como viajeros elegantes.
¿De qué sirve un pterodáctilo sin su pterodáctila?
Toda la Tierra con sus ardientes temperaturas y con sus inesperados desplazamientos les ordena amarse.
Y sobre la catedral volcánica del planeta, y sin saberlo, los pterodáctilos están amándose.

4
De pronto su vuelo se interrumpió. La pterodáctila cayó por un túnel transparente en el aire. Cayó sobre la arena como una roca. Como un meteorito atraído terriblemente por la Tierra.
Estaba en vuelo y el vuelo se detuvo como un amor que dice que no. Un instante de desconcierto y luego la pterodáctila cayó.
El pterodáctilo volaba a su lado. Supo el momento preciso en que su pterodáctila cayó. Pero no miró hacia abajo. Negó el vacío. La implacable vertical de la caída.
Miró hacia un costado y hacia otro. No la vio. Se resistió a aceptar lo demasiado obvio. Y no se animó a mirar hacia abajo. Con espanto volvió la cabeza hacia un costado y hacia el otro.
La buscó en todas las posibilidades de vuelo. Nunca miró hacia abajo.
Aterrizó en la playa.
Caminó con la vista más allá del presente, buscándola lejos. Lejos. Se detuvo sin verla. Intuyó la presencia de una roca nueva sobre la arena. El pterodáctilo cubrió su cara con cuarenta millones de años.
Una tras otra resbalaron sus monumentales lágrimas.
En la boca ígnea de los volcanes resonaron sus alaridos. Pero nunca miró hacia el sitio del dolor.

5
Vuela. No lo distraen las piedras azules que saltan de los volcanes. Sigue su rumbo. Y su rumbo es buscarla.
Sus retinas sólo reflejan la imagen de ella. Cree verla en el movimiento de una rama o sobre la cresta salvaje de una ola.
No se pregunta por qué se fue. Se pregunta hacia dónde.
Su cabeza de cretáceo no puede concebir un abandono, sólo un extravío.
Es puro volar sin calma, un vivir buscándola para salvarla y salvarse al tiempo que la salva. Sin ella, volar es un acto inútil.
Se tropieza con las nubes y confunde el cielo con el mar. Va de un lado hacia otro, desorientado y torpe. Fatiga tanto el vuelo si se vuela solo. No quiere volar. Quiere querer.
No los unían los proyectos ni la costumbre. Los unía el volar sabiendo que el otro volaba al lado. Los unía ese voltear la cabeza en el mismo instante como para decirse:
¿Ves?, estamos volando.

6
Con larval inocencia un pterodáctilo busca a su pterodáctila. El no sabe nada de la muerte. Sólo sabe planear con ella como dos gigantes remeros del espacio. Sólo sabe que un pterodáctilo y una pterodáctila son un mismo cuerpo. Y ahora a él le falta una parte.
Ella murió una noche en que los cielos eran dorados. Aún está sobre la arena su cadáver fosilizándose, pero él insiste en la búsqueda porque eso no es ella, no es su pterodáctila: le falta el vuelo, la mirada y el olor del amor: Ignora las leyes de la naturaleza, cree en el reencuentro. Si necesita a su pterodáctila tiene que ser porque en algún sitio ella lo espera.
Vuela chocando contra todas las salientes de la noche. Va una y otra vez por los lugares que conocieron juntos. Desde la orilla de aquel lago vieron la primera lluvia de estrellas, en ese cráter la tuvo entre sus alas. Vuelve al cielo. Insiste en la búsqueda. Es una esperanza en vuelo y condenada.
Desde lo alto de la noche color magenta se lanza en picada. Solitario y en silencio se desploma en ese fragmento de playa que nunca quiso mirar.



José Sbarra


. José Sbarra . Buenos Aires . 1950 . 1996
.... Imagen . Antony Bou






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otoñeando

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Buenos Aires a los veintitrés días de  noviembre del 2016


Otoño.  Que sea otoño.  Que sea otoño y que llueva.  Mucho.  Que haya leños ardiendo en un brasero. Y un gato.  Que haya un gato y que sea negro y que mire de amarillo y que se enrosque y que nos enseñe un poco a vivir.  Pero por sobre todas las cosas que sea otoño.  Que le falte un vidrio a la ventana.  Que entren por ese hueco la lluvia y el frío.  Que tengas ganas de besarme.  Muchas ganas. Que un hombre te espere en otra parte.  Que sea otra vez otoño.  Otoño y que llueva.  Y que no vayas. Que te quedes conmigo.  Que sea otoño otra vez y que te quedes.




José Sbarra


. José Sbarra . Buenos Aires . 1950 . 1996
... Imagen  . Jean-Marie Périer




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