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Fumo el cigarrillo a medias
y se lo paso
al equeco que compré en Tilcara.
Afuera llueve
y en el patio
las plantas florecen salvajes, verdes y grandotas
son vampiros que recuperan su cara
después de haber sacado toda la sangre que necesitaban.
Miro a mi equeco cargado de pedidos
y le ruego
me tienta sacarle el cigarrillo
pero no quiero ser castigada.
Hace unos días tuve una crisis de nervios
me picaba todo el cuerpo
y no podía parar de moverme
como poseída por un demonio sin nombre,
tuve que hacer una plegaria
y tomar mucho vino,
creo que el episodio dicho ocurrió porque no duermo hace días
como el equeco que nunca cierra sus ojos
y fuma lo que puede.
Así estoy,
sobrecargada de esas cosas
que representan mucho
pero no sirven para nada.
Natalia Carmen Casielles
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