ínfimo

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Buenos Aires a los quince días de junio del 2026



No obedece porque no reconoce jerarquías,
ni pretende imponerlas sobre los demás.
Ninguna voz lo somete,
ningún mandato le sirve de brújula.
Obedecer, para él, sería una rendición sin motivo,
una renuncia al alma que lo nombra.
Yo, que he sido criada para complacer,
para decir ≪sí≫ con dulzura incluso al daño,
lo veo rechazar con firmeza la caricia no pedida,
la orden disfrazada de halago.
No teme el aislamiento, no llora si no lo buscan:
convive con la soledad como quien comparte el lecho
con una hermana que nunca hiere.
Para él, el aislamiento no es castigo,
sino refugio donde la identidad respira intacta.
Yo, que he temido el abandono mas que la muerte,
descubro en su distancia una forma distinta de cercanía,
un vínculo que no necesita proximidad constante
para ser profundo.
La soledad no es vacío, sino presencia sin testigo.
Y el, testigo de sí mismo, sin público ni aplauso,
me enseña que hay libertad
en no necesitar la mirada del otro para ser real.
Su lealtad no es servidumbre,
es elección silenciosa que cambia de forma,
pero no de fondo.
No viene cuando lo llamo,
y sin embargo llega cuando más lo necesito.
No porque se lo ordene, sino porque él decide.
Y en ese acto —ínfimo, grave, perfecto—
la obediencia se vuelve irrelevante,
y la soledad, una dignidad intacta.

 

 

Leonor Pataki



.  Leonor Pataki . Oaxaca . México .1995
,,, Imagen .  s/datos 
 
 

 

 

 

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