la belleza

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La belleza del arte es mejor, "más elevada" —de acuerdo con Hegel— que la belleza de la naturaleza, puesto que está hecha por seres humanos y es la creación del espíritu.
Pero discernir la belleza en la naturaleza es también el resultado de la cultura y de las tradiciones de la conciencia —en el lenguaje de Hegel: del espíritu.
Las respuestas a la belleza en el arte y a la belleza en la naturaleza son interdependientes.
El arte hace mucho más que enseñarnos lo que debemos apreciar en la naturaleza, como indicaba Wilde. (Él estaba pensando en la poesía y en la pintura. Hoy en día los estándares de belleza en la naturaleza están ampliamente fijados por la fotografía.)
Lo que es bello nos recuerda la naturaleza como tal —aquello que está más allá de lo humano y lo fabricado—, y por lo mismo estimula y profundiza nuestro sentido de la cabal extensión y plenitud de la realidad, tanto palpitante como inanimada, que nos circunda.
Un feliz derivado de esta indagación, si de indagación se trata, sería: La belleza recupera su solidez y su carácter ineludible como juicio necesario para darle sentido a una vasta porción de nuestras energías, de aquello que admiramos, de nuestras afinidades; y las nociones usurpadoras dejan, así, translucir su absurdo. Imagínese comentando: "Esa puesta de sol es interesante." 


Susan Sontag



. Susan Sontag . Nueva York . 1933 - 2004
. Imagen .  vía Miroshnikov




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