la claudia

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Buenos Aires a los veintidós  días de marzo del 2017


Claudia Cardinale ave de grandes plumajes y sus pechos
como torres me despierta temprano
se pasea por el hueco que dejamos los dos entre medio
y pone en la vitrola discos de Gardel o Joan Baez
me lee —es un decir— los últimos poemas ya borracho
alucinatorio Dylan Thomas.  A propósito escribe mal
su apellido y de pronto un golpe de amigos lejanos
me sube por las piernas pido un mate
y la veo pasearse desnuda entre los huecos del tango
“las tardecitas de Buenos Aires tienen ese qué sé yo ¿viste?”
y me digo con alegría hoy no iría para nada al empleo
si no estuviera realmente piantao piantao
como ella me dice pero Claudia Cardinale
me consuela me arregla el pelo con ternura italiana
me cuenta con sus dedos larguísimos y sus uñas violetas
las seis o siete arrugas horizontales
de la frente (casa de los gusanos en la morera
templo del dios del trópico
escritura de puertas cerradas
el lugar donde los pensamientos eróticos 
se sientan en cuclillas mariposa que imagina rápidamente
el golfo estrecho de Magallanes de tu cintura la magia
de esos pantalones ajustados)
después se mete en el pecho
(departamento horizontal en pleno campo con vistas
a las vacaciones anuales a los días sin nada y sin nadie
la máquina del mundo que pusiste a andar adentro
de mí, gramaticalmente correcto)
y me dice con tranquilidad no exenta de ironía
(la inocencia como estado ahistórico)
que no tengo la obligación de escribir poesía de compromiso
o canciones de protesta que nuestro amor es puro
y que nada nos salvará
cuando ella se haya ido cuando yo detenga los dedos sobre
los broches de su corpiño Inútilmente me dejo arrastrar
por las dudas y después me siento a escribirle este poema
que le dirá “buen día Claudia” “tomemos juntos el
desayuno” No sé por qué la historia contemporánea
de América Latina no consigna estos detalles feroces
pero lo que sé muy bien es que Claudia y yo nos amamos
como dos buzos bajo el mar como dos caracoles
bajo la playa como dos turistas en Venecia
como dos espinas de la corona
de Cristo en un relicario como dos
sombras revolucionarias de espaldas en la tierra.


Alfredo Veiravé


. Alfredo Veiravé . Entre Ríos . 1928 - Chaco . 1991
... Fotograma del film La Viaccia  de Mauro Bolognini




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