ese qué sé yo que huele a salvación

.

Buenos  Aires  a los  trece días de  noviembre del 2016 


la muerte  no será cosa cierta
si alguien nos piensa.

ME


Suelo morirme a las mañanas, justamente a la hora de guardar el Escarabajo de oro en el portafolios cuando el andén de Constitución recibe los últimos boqueos de mi subterráneo y el reumatismo que ya me perdió el respeto me palmea confianzudamente la rodilla al levantarme. Suelo morirme a las mañanas, casi sin odio le digo no va más a tanta cosa ardiente que me brota. ¿De dónde? Y un dos un dos el viejo embozalarse molinete, el viejo insomnio trepando pasamanos. Un dos un dos. Un poco de fatiga y la bufanda y la piel de aguantar hasta el dedo del jefe en mis papeles, y me muero, acudo al Equanil, recuerdo deudas, me grito pobre tipo y ya me estoy tocando la calvicie y ya salgo a comprar bicarbonato, me doy un tironcito a la mortaja y chau, me quedo muerto. Pero ocurre que a veces, a veces porque sí, por primavera, por cuento, por salir o por muchacha me vuelvo inteligente solidario, sé de pronto quién soy, dónde piso, se me viene un pasado a la memoria y me nace un futuro en la garganta, crezco en el tiempo y me circulo entero. Y ya me nace la palabra hombre y el prodigio de ser hasta el zapato de puro estar cambiando el universo creyéndome y creyendo, creyéndome y creyendo cuando le planto un “no” como una casa al jefe, al comisario, a Jesucristo. Cuando me doy en Cacho para siempre haciendo lo que hago, cosas, cuentos, pateando la tristeza, alborotando, dando mi piel caliente, mis dos manos. Éste soy yo venga una copa y cante qué tanto fin de mes ni tanta cuenta , sí, el hermanito Zeus me hace la seña del as y voy matando, y voy matando sombras, degollando muñecos de aserrín que dicen dónde nos lleva este sufrir sufriendo y hasta cuándo, hasta cuando me saquen a tirones de esta ciudad que es hembra y me responde que todo el aire es canto y voy cantando y entonces sí, entonces sí, compadre, resucito, siento mis pies que pisan y prometen. Se me va el reuma, el hígado, el resfrío, ando de Constantini hasta los pelos, digo gran puta lo que soy viviendo, le aprieto la cintura a Buenos Aires, le hago un hijo de sangre, canto y cuento y salgo a caminar con tanta vida con tanta cosa ardiente aquí en el pecho.


Humberto Constantini



. Humberto Constantini . Buenos Aires . 1924 . 1987
....  Imagen .  Daniel Melingo





.