legado

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 Buenos Aires   al primer día de  agosto de  2016


Tora mía, tierna querida amada,
el tiempo, esa maldad de la marcha de la vida
envía mensajes no del todo alentadores.
Digo los avisos de una definitiva penumbra
se anuncian a las puertas de mi huesería
ya en franca retirada.
Mi Tora, tierna amada querida, sin más inquietud de la debida
y en pleno descalabro de mis facultades
te dejo el sueño de los caracoles azules,
los temblores siempre renovados de Casablanca
con la Ingrid que me anticipó tu casta palidez;
tu plato preferido te lego (y no dejes que se enfríe)
te dejo Cuaderno del Resucitado con los poemas
que empiezan y acaban donde comienzas y acabas.

Te dejo los dichosos sustos de ir a tu encuentro,
el perfume de mi/tu colonia favorita;
te dejo la inmortalidad de las flores de Merce Redoreda
esas copas verdes, altas, de cristal donde nos bebimos,
y el chocolate amargo que nos endulzó los trabajos del amor
el "cuatro de Oro" te dejo del Eliseo Diego
con sus fantasmas de abrigantes cenizas;
te dejo los fulgores de mi felicidad de vos,
el jarrón de la madre de mi madre
para que no deje de ser mirado
y los hijos de nuestros hijos nos recuperen;
te dejo mi lapicero predilecto
con el mandato de no darle tregua a tus adoradas manos;
te dejo la nieve perezosa de tanto papel desnudo
y el cuento de dos nosotros amados por nosotros
para que lo perpetúes.

La mirada mía que resiste alejarse te dejo
mi tabaco para que no dejes de verme,
el jardín de la melancolía de Chejov,
los cerezos y las cerezas que ya claman por tu boca.
Te dejo los arrebatos de cámara de Schubert
dentro de los que rugimos sin tantos bemoles; te dejo mi palabra última
para que sólo tu nombre en mi última palabra
y una escena te dejo con los dos nosotros
la querida amada y el que esto suscribe,
juntos, los dos, en la pérgola,
riendo, los dos,
sobre todo riendo
adentro de una niebla de reposada dulce eternidad.


Marcos Silber



. Marcos Silber . Buenos Aires . 1932
... Imagen . Dianepowers





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