cayendo

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Buenos Aires a los  veinticuatro días de  marzo del 2017


Estás cayendo y en silencio
pedís que no te tenga
en cuenta,
sería un peso más.
Tiendo mi mano y toco agua.
Me tiendo, estoy cansada,
la canilla pierde,
prometiste arreglarla pero hablabas de una
casa
imaginaria
que siempre está cayendo
en tu memoria.
Estoy cansada de palabras
que no sirven
para que me entiendas.
Estoy cansada de tus silencios,
yo también estoy triste
a veces,
yo tampoco sé
cómo salir.
Tiendo la mano para no caer
pero estás detrás de un vidrio,
no escucho qué gritás,
a quién,
el agua borra tus rasgos,
no sé quién sos.
Pero tiendo la mano
y te reconozco como un ciego,
como un perro reconoce su casa
por el olor,
por el vacío que la circunda.
Porque tiendo la mano
imantada
encuentra tu mano, en la multitud
me está buscando.
Me está buscando
allí donde no estoy.

Me tiendo en la cama, hace frío,
yo tampoco tengo dinero,
la gata pregunta por vos,
le digo en cualquier momento cae,
en cualquier momento cae por acá.
Caés sobre mí como un gato cae
sobre su sombra sin saber
si es una víbora o el viento
agita el pasto.
No sé si hay cascabeles en este país,
no viví en el campo como vos,
yo tampoco tengo todas las respuestas.
Voy por la casa tendiendo la mano,
tocando cosas,
pero las cosas no me agarran
ni responde su quietud
por qué todo se mueve.
Tiendo la mano hacia el teléfono.
Estás cayendo
como si quisieras dominar
el vacío.
Como quien encuentra
la cuerda
de un funámbulo, a mitad de camino
pregunta qué hago
aquí.
O cómo
hasta ahora no caí
o qué mano me soltó de pronto.
Estamos sujetos a la realidad
por un hilo delgado,
me sorprende, una opinión común
construye el mundo,
me sorprende que exista
todavía
si no nos entendemos
vos y yo.

Estoy cayendo otra vez en conjurar
la ausencia con palabras.
Estoy cayendo en la trampa
que me tiende tu fuga,
me vuelvo un cazador
de imágenes
y no quiero perder
toda esperanza.
Soy yo ¿te acordás?
La que está cansada
pero se levanta.
La gata también se levanta,
me sigue a todas partes
como en mi casa
no sabés dónde ponerte.
Te ofrezco mi silla quemada,
mi máquina de escribir.
Pero no hay dónde recibir.
En el corazón deshabitado
nadie escucha,
nadie escucha que estoy golpeando
la puerta, dejame entrar,
estás durmiendo en el suelo,
estás
soñando y creés que estás cayendo.
Dejame entrar, soy yo,
la que tiene miedo de la ausencia.


Susana Villalba


.  Susana Villalba . Buenos Aires . 1956
...  Imagen . 美撒郭




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